Respiré hondo cuando escuché los golpes suaves en la puerta. Mi pecho aún vibraba por lo que había pasado afuera. -¿Harica?- la voz de la señora Graciela sonó firme, Me acerqué despacio, mis manos temblaban apenas. Respiré profundo y abrí, la encontré seria, sus ojos clavados en mí. Baje la mirada y una mancha marrón estaba en el piso. -Creo que me quiero ir- dije, con un hilo de nervio en mi voz, pero manteniéndome firme. Graciela asintió,una leve sonrisa se formo -Si quieres, puedo conseguirte otro trabajo. No tienes que quedarte aquí. Sonreí apenas, con alivio. -Está bien... pero me quiero ir, por favor. Ella me observó unos segundos, luego desvió la mirada hacia un rincón. Su ceño se frunció, sus labios rectos. Yo giré lentamente, siguiendo su gesto. Y lo vi. Un homb

