Abel

1152 Words

Respiré hondo cuando mis botas tocaron la tierra frente al bar de mi madre. El aire se volvió pesado, como si el lugar mismo quisiera aplastarme. Sentí la opresión en el pecho, más que dolor, era mi lobo rugiendo dentro de mí, reclamando algo que no entendía. Empujé las puertas con calma, y ahí estaba una mujer delgada, piel blanca, cabello recogido, labios rojos que parecían una perdición, piernas descubiertas por un vestido blanco que no dejaba nada a la imaginación. Reí bajo, oscuro, apretando con fuerza el marco de la puerta. —Mierda…— susurré —¿Qué demonios es esto? Me senté, con esa calma que intimida, y la miré bailar. Algo cambió en mí, no me gusta admitirlo, pero lo sentí, posesivo, inhumano como si cada mirada que otros le lanzaban fuera un insulto directo. Una muerte

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