Capítulo 24 — Lo que Isabela no dice cuando sonríe

574 Words
Esa noche Isabela estaba diferente desde el principio. No de la forma en que estaba diferente cuando el parque pesaba o cuando había algo que no quería decir. Era otra cosa. Estaba más ligera, más cerca de la superficie, como si por una noche hubiera bajado algo que normalmente cargaba sin que se notara. Brandon lo sintió cuando llegó. —Estás de buen humor —dijo, sin poder evitarlo. Isabela lo miró con algo en la expresión que no era exactamente una sonrisa pero que se le acercaba. —¿Se nota? —Un poco. Se sentaron en los columpios. El parque estaba tranquilo. Las farolas encendidas, el viento en los árboles, el sonido distante de la ciudad. La normalidad aparente de siempre, que ya no se sentía aparente para Brandon sino simplemente como el contexto en que ocurrían las cosas que importaban. Hablaron con más facilidad que otras noches. Isabela hizo una observación sobre la forma en que Brandon sostenía el lápiz cuando dibujaba, algo que había notado sin decirlo antes, y la observación era lo suficientemente precisa y lo suficientemente inesperada como para que Brandon soltara algo parecido a una risa. Era la primera vez que se reía en el parque. Isabela lo miró cuando ocurrió, con una atención breve e intensa, como si ese sonido fuera algo que quería archivar. —No te había escuchado reírte —dijo. —No me río mucho —respondió Brandon. —Lo sé. Siguieron hablando. Brandon le dijo algo sobre uno de sus libros, una descripción tan específica y tan seria de algo que en realidad era bastante extraño que Isabela inclinó la cabeza y dijo algo en un tono tan seco que Brandon tardó un segundo en entender que era humor. Luego lo entendió. Y ella sonrió. Una sonrisa real, no la versión suave y controlada de siempre. Más completa. Más humana. Brandon la miró. Y en ese momento, en ese instante preciso mientras la miraba sonreír, vio algo. Fue breve. Un destello de menos de un segundo. Algo en sus ojos que no encajaba con el tono de la conversación, una especie de cálculo que pasó por detrás de la sonrisa como una sombra cruzando agua. Desapareció antes de que Brandon pudiera definirlo. Siguió la conversación. No hizo nada con eso. Lo guardó en el mismo lugar donde guardaba las cosas que no sabía todavía cómo examinar, junto a otras piezas que todavía no encontraban su lugar exacto en el cuadro. Hablaron hasta tarde. Fue la noche más liviana que habían pasado juntos. Cuando Brandon se levantó para irse, Isabela seguía con esa ligereza en la postura, esa versión más cercana y más humana que no era habitual en ella. —Fue una buena noche —dijo Brandon. —Sí —dijo Isabela. Y lo miraba con algo que sí era genuino, Brandon estaba seguro de eso. Algo real. Algo que no era solo el plan, si es que había un plan, aunque él todavía no sabía que esa pregunta existía. Caminó de regreso a casa sintiendo algo que no había sentido en mucho tiempo. Algo liviano. Isabela se quedó sola. La ligereza desapareció de su postura en el momento en que Brandon cruzó la entrada del parque. Lo que quedó era más complicado, más silencioso, del tipo que no se muestra cuando alguien está mirando. El columpio donde Brandon se sentaba se balanceó una vez solo. Isabela lo miró. No dijo nada.
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