Capítulo 9

1237 Words
A la salida, Manuel se hallaba en la entrada del campus, esperaba pacientemente a que la práctica de fútbol del otro alfa finalizará. Necesitaban ponerse de acuerdo para el proyecto de filosofía. Era su clase favorita y aunque sólo fuese un ramo optativo no se permitiría presentar un trabajo mediocre. Conocía a Valentín desde hace años, sabía que de igual modo era competitivo e inteligente. No querría una mala calificación. Tenía todo planeado, compraría comida para llevar y podían desarrollar el proyecto en la habitación o bien, en la biblioteca. El solo imaginar una velada tranquila con el otro alfa, provocaba que su corazón se acelerara y su estómago se retuerza por los nervios. A lo lejos lo vio venir junto a sus amigos, sin embargo lo que llamó su atención, fue ver al alfa tomar la mano de una chica. Valentín, a la distancia pudo percibir el aroma de Manuel. Ese aroma cítrico que tanto le gustaba. Fingió no verlo y continúo avanzando junto a su nueva conquista, Melissa, una hermosa omega que estaba dispuesta a todo por estar con él. Al pasar junto a Manuel, lo empujó con su hombro, deteniéndose a unos metros de distancia, la chica algo confundida se detiene junto a él cuestionando con la mirada al rubio. —¿Te gustaría ir a comer algo?—Tomó a la castaña de la cintura y juguetonamente unió la frente de ambos. Sabía que Manuel estaba ahí, con su mirada fija en ellos y saberse observado le provocaba una gran satisfacción. —Me encantaría, Valentín. Pero sabés que mi padre es demasiado estricto, si no llego a tiempo me va a castigar y el fin de semana quiero estar acompañarte a la fiesta. Lamentablemente no cuento con mucha libertad, al vivir en esta ciudad no me permitió vivir en la universidad—. La castaña enredó sus delgados brazos alrededor del cuello del alfa, sintiéndose embelasada por los rasgos tan masculinos del hombre. —Bueno, nos hablamos por w******p, o bien te llamo—.Cortó la distancia entre ambos besándola apasionadamente. De reojos busco con la mirada a Manuel, sin embargo el alfa ya no estaba. Bruscamente se separó de la jóven y sin dar explicación alguna se echó a correr en la dirección que el alfa iba. Fácilmente logró alcanzarlo, sin pensar en sus acciones le cogió con firmeza de la muñeca obligándolo a detenerse. — ¡Ya detente, imbécil!— Exclamó aburrido de las trágicas reacciones de Manuel—. ¿Me estabas esperando a mí verdad?— Soltó el agarre dejando una suave caricia en su muñeca. —Si— masculló sin voltear a mirarlo—. Pero estás ocupado, no quise seguir haciendo de mal tercio—, le dedicó una mirada feroz, los celos lo estaban consumiendo. —No tengo nada interesante que hacer, podemos aprovechar el tiempo, vamos a nuestro cuarto, pero antes iré al comedor para comprar comida—, dejó una suave caricia en la mejilla del castaño—. Si te portas bien, en una de esas te puedo dar un poco de leche como premio—. Sus palabras ácidas hirieron en lo más profundo a Manuel. — ¡Andate a la mierda, Valentín! Me tienes tan cansado, ya no aguanto más todo esto— se quitó la máscara frente al mayor rompiendo en llanto—. Yo voy a hacer el proyecto, no te preocupes que te voy a incluir en él, solo déjame tranquilo. No hay necesidad de que seas tan cruel conmigo, nunca te he hecho nada—. Lo empujó con brusquedad y salió corriendo con todas sus fuerzas. En ese momento, algo dentro de Valentín se quebró. No podía dejar que Manuel se fuera de ese modo, necesitaba consolarlo, su lobo interior se lo exigía. Sin pensar en consecuencias, corrió tras él. Fácilmente logró alcanzarlo y en un gesto desesperado lo envolvió en un cálido abrazo, buscando darle consuelo. No le agradaba la idea de consolar a otro alfa, le restaba en exceso repulsivo, sin embargo, el castaño rompía todos sus esquemas. Le sumergía en una profunda antítesis emocional, dejando su mundo de patas para arriba. Manuel optó por aferrarse al cuerpo del contrario y hundió su rostro en la curvatura del cuello del rubio. Valentín se estremeció ante la acción y un suave suspiro escapó de sus labios. Bajó la cabeza en el momento que Manuel alzó el rostro y sus labios colisionaron en un beso desenfrenado. El beso entre ambos fue rudo, todo dientes y labios chocando sin cuidado. Manuel se aferró a la camiseta de Valentin, por que sus piernas comenzaron a temblar discretamente. Se separaron por la falta aire y se quedaron prendido de la mirada del otro. En ese momento sobraban las palabras, bastaban las miradas que se daban para saber que sentían lo mismo. Se separaron abruptamente al sentir pasos tras ellos, ambos respiraban agitadamente y sentían sus mejillas arder. Por suerte, sólo era un grupo de chicas las cuales conversaban animadamente, las que por cierto, los ignoraron. Ante el susto del momento, se dedicaron una sonrisa cómplice para luego hecharse a reír. La risa de Manuel era auténtica y clara, mientras que la de Valentin era estruendosa e histérica. —Iré por la comida para ambos, espérame en la pieza— antes de alejarse deja un fugaz beso sobre los labios del otro alfa, quien sonríe embobado ante el gesto del contrario. —Podría esperarte toda la jodida vida, Valentín...—murmuró más para su mismo, el otro alfa no logró escuchar aquellas significativas palabras. Cuando el rubio se alejó de su campo visual emprendió su camino en dirección del edificio alfa. Iba tan sumido en sus pensamientos que no logró percatarse de la presencia de Steven y sus secuaces. Sólo logró darse cuenta cuando era demasiado tarde. Entre varios lo sujetarán y arrastraron hasta las bodegas abandonadas. Estaba tan aterrado que su voz no salía y su lobo interno gritaba con desesperación. Una vez dentro, lo arrojaron contra el polvoriento suelo. —Hoy no a sido un buen día para mí — dijo de pronto Steven—, la omega con la cual pensaba salir a follar me canceló de pronto y necesito calmar mi celo, estos supresores no son suficientes—, se acercó a Manuel para tomarlo del cabello y obligarle a alzar el rostro—. Con una buena mamada me doy por satisfecho, tu aroma es agradable y puedo imaginar que estoy con un omega. —No... por favor Steven... déjame en paz—. Comenzó a sollozar a causa del miedo y la desesperación. —Debes ser un buen compañero, mi querido Manuel—, presionó el rostro del chico contra su entrepierna y todos los presentes estallaron en sonoras y burlescas carcajadas. Un grupo de jóvenes se acercó al sector al escuchar los lastimero gritos de Manuel, dando aviso a algunos profesores. Steven al verse acorralado dejó en paz al chico y huyó junto con sus amigos, no sin antes advertirle al castaño que si abría la boca se diera por muerto. Aún temblando se puso de pie y sin darle explicaciones a nadie salió del depósito para huir con rumbo a su habitación. Todo su cuerpo temblaba y sentía unas intensas ganas de vomitar. Lo único positivo era la compañía de Valentin, quien tenía el poder en sus manos de armarlo o desarmarlo.
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