Capítulo 10

1319 Words
Valentín llegó a la habitación con comida para ambos, por alguna razón se sentía tranquilo y completo. Era aberrante pensar en el otro alfa como su media mitad, sin embargo, cuando estaba a su lado lo sentia de ese modo. —Traje patatas fritas, pollo frito y hamburguesas para ambos—. Enseña las bolsas en sus manos—, no sabía que te podía gustar, así que recurrí a la infalible comida rápida y los refrescos de cola—. Le dedicó una gran sonrisa al otro alfa. —Por lo general me gusta todo—, responde sin alzar el rostro. En todo momento se mantuvo cabizbajo mientras ordenaba algunos apuntes. — ¿Te pasa algo?— Dejó las bolsas con comida a un lado para luego acercarse sigiloso al otro chico y abrazarlo por la espalda—. ¿Por qué estas llorando?— Estrecha con más fuerza al castaño entre sus brazos. —Steven... él...— su voz se quebró sin poder continuar. —Es un imbécil... mantente alejado de él—. Comenzó a repartir suaves besos por el rostro del otro alfa y liberó sus propias feromonas para tranquilizarlo. Para Manuel fue como magia, simplemente se entregó a los brazos del contrario, embriagandose con su aroma a tierra húmeda, sintiéndose pleno, seguro y completo. En ese momento, Valentín era su ancla y todo lo que necesitaba para estar bien. —Comamos antes de que se enfríe— mencionó el rubio al momento de separarse suavemente del castaño—. Tengo varias ideas para el proyecto—, se dejó caer pesadamente en su silla. —También yo, sin dudas esta es mi clase favorita—. Tomó las bolsas comenzando a desenvolver la comida. —La mía es matemática y todo lo que se relacione con números—, le dedica una sonrisa presumida—. Desde chico se me dió con facilidad—. De pronto su teléfono suena y le hace una señal a Manuel para que guarde silencio. Manuel asintió, para luego en silencio continuar desenvolviendo la comida. Esas hamburguesas olían extremadamente bien y él moría de hambre. De pronto se dejó llevar por sus propios pensamientos ignorando lo que él otro hacía. Se encaminó al baño para lavar sus manos. En ese momento se sintió ingenuo y tremendamente estúpido. ¿Por qué se sentía tan atraído por Valentín? Definitivamente algo estaba mal con él, ya que era absurdo sentirse de tal manera con alguien que sólo se encargaba de arruinar su existencia. Las risas de Valentín, inundaron sus oídos haciendo eco dentro de su cabeza. Era la primera vez que tenía la oportunidad de escuchar sus risas, de poder observarlo tan relajado. Algo en su interior se estremeció y unas inmensas ganas de abrazarlo lo invadieron de la nada. Ese año cumpliría los diecinueve y jamás había tenido una cita, o un pretendiente, o al menos un mísero beso. Las únicas manos y labios que le han tocado son los de su padrastro, pero para él no cuentan, a diario se esfuerza por bloquear esos desagradables encuentros. Decide salir del baño, observando de reojos como el rubio ríe distraídamente. Por un instante se queda embelesado con él, la forma en la que ríe, como sus ojos se achican y los hoyuelos a cada costado de sus mejillas, la manera en que su nuez de adán sube y baja de manera hipnotizante. Con el corazón latiendo a mil acomodo el escritorio para comer junto al rubio. —Valentín—. Con voz suave lo llamó, al conseguir la atención del mayor le hizo una mueca con los labios señalando el plato. —Gracias, aunque quería hablar contigo—. Cogió una papa frita jugando con esta dentro del plato, escarbando discimuladamente en la comida. — ¿De qué quieres hablar? ¿Pasa algo?— De reojos observaba la actitud del otro chico. Valentín era experto en hacerle sentir mal e inferior. —Me habló Dani, él ahora me necesita, está un poco complicado con el encargo que dejó el profe de matemáticas—. Titubeó un momento—. Me imagino que tú ya hiciste esa tarea... — ¿A dónde quieres llegar con ese discurso de mierda?— Alzó la mirada enfrentando al otro. Una profunda tristeza se acentuó en su pecho. —No empieces a colmar mi paciencia—. Arrojó el tenedor de manera despectiva en el plato causando que el menor se sobresaltara—. Tú tienes el trabajo hecho, Dani lo necesita, por ende me lo vas a prestar para sacarle fotos y él lo pueda copiar—. Dio un brusco golpe sobre la mesa con la palma de su mano—. ¿Te queda claro, verdad? Manuel bajó la mirada mientras se debatía internamente entre ceder a las peticiones del mayor, o bien, enfrentarlo. En otras circunstancias hubiese cedido a sus deseos, pero no ahora, no si era para Daniel, jamás ayudaría voluntariamente a ese estúpido omega. Odiaba a Daniel, lo odiaba con todas sus fuerzas. Lo odiaba por ser guapo, lo odiaba por ser carismático, por siempre estar rodeado de personas. Lo odiaba por ser un maldito omega, y, principalmente, lo odiaba por ser el dueño del corazón de Valentín. Al igual que a Valentín conocía, conocía a Daniel desde el instituto y para nadie era un secreto que esos dos tenían algo. Daniel era intocable, por que el rubio lo defendía con uñas y dientes. Aún recuerda que Valentín comenzó a molestarlo por culpa de Daniel, quien siempre sostuvo una fuerte rivalidad con él. —Super claro—. Su voz comenzó a temblar—. Pero tú y Daniel se pueden ir a la mismísima muerda, por que es donde pertenecen—. Alzó la voz y rápidamente se puso de pie, observando al otro alfa con molestia—, si quieres que te de mi tarea para que él la copie vas a tener que matarme a golpes para obtenerla. Ahora hazme el favor de salir del cuarto por que ya no soporto seguir mirando tu cara de imbécil—. Sus piernas temblaban. —Puedes meterte la tarea en el culo, yo puedo ayudar a Dani, pero, hay una cosa que no te puedo dejar pasar—. Valentín se levantó de la silla, estaba furioso, la actitud del otro alfa le irritaba, no podía permitirle el actuar de ese modo. No a él, un alfa débil, mediocre e inferior—. Cuando hables de Daniel, lo haces con respeto, él es superior a ti en todo. Aunque seamos honestos, cualquiera es superior a ti, eres tan poca cosa Manuel. — ¡Largo de aquí!— Gritó furioso— te odio tanto... — masculló con voz débil a punto de romperse. —A mí no me des órdenes imbécil—. Dominado por su instinto, tomó al alfa más pequeño del cuello estrellando el cuerpo de este contra el escritorio, tirando los refrescos al piso. Se posicionó sobre él ejerciendo presión y dominio con su cuerpo—. A cualquiera que hable mal de Daniel, le parto la cara de un puñetazo—. Alzó su puño con rapidez para luego descargar el peso de este contra la mejilla del castaño. Ante el impacto, Manuel apretó sus párpados con fuerza. Valentín, tantas veces lo humilló, hizo de su vida un infierno solo por actuar diferente, sin embargo, él jamás lo golpeó personalmente, quienes lo hacían por él eran sus amigos. Sin embargo, esta vez lo hacía, acababa de golpearlo y lo hacía por Daniel. No se quejó, no lloró ni se dignó a abrir los ojos, simplemente no podía hacerlo, algo en su interior dolía, quemaba y torturaba. De pronto, sin poder resistir un segundo más comenzó a llorar en silencio. Espero que les guste esta historia, si es así háganmelo saber con su apoyo. ❤️
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