Hola, hola mis niñas!!!! Mil disculpas, de que he tardado bastante en actualizar, pero a veces, se vuelve muy difícil para mí. No es por falta de inspiración, todo lo contrario. El factor tiempo es lo que siempre me jode los planes, soy mamá soltera, tengo una beba hermosa de dos años, ella tiene síndrome de Asperger e hiperactividad, debo andar con mil ojos con ella. Además le sumamos la universidad y algo de tiempo a generar dinero. Ahora que les conté un poquito de mí, sabrán por qué a veces tardo tanto. Pero no me e olvidado de la historia, ni mucho menos de ustedes. Ahora, a disfrutar!!!
Capitulo 15.-
Tenía un mal presentimiento, durante toda la velada se sintió incómodo, extraño, sin saber definir que le pasaba. Más de una vez, Daniel, le preguntó si estaba bien, a lo que simplemente sonreía fingidamente para calmarlo. Envío un mensaje a Manuel, disculpándose por dejarle plantado, más la respuesta jamás llegó, factor que solo ayudo a incrementar esa desagradable sensación dentro de su pecho.
No podía esperar hasta el día siguiente para verlo, necesitaba hacerlo en ese mismo instante, por lo que fingiendo mal estar, se disculpo con su novio y se marchó de la fiesta. Se adentró en su automóvil, se colocó el cinturón de seguridad con prisa para luego salir a bastante velocidad del lugar.
Sabía que el otro alfa estaría enojado, solo esperaba que su enojo no fuese tanto y que por sobre todo, se encontrase bien. En menos de veinte minutos se encontraba fuera del viejo y descolorido edificio donde Manuel vivía. Apagó el motor y descendió con prisa, cerrando la puerta con fuerza, mientras cruzaba la desierta calle presionaba el botón de la alarma.
Subió las escaleras de dos en dos, a medida que se acercaba al departamento de Manuel, su corazón latía con fuerza excesiva y las palmas de sus manos sudaban a causa de los nervios. Tocó a la puerta con cierta insistencia no recibiendo respuesta desde el otro lado. Con manos temblorosas rebuscó las llaves entre los bolsillos de su campera, una vez las encontró abrió la puerta con prisa.
En ese momento todo se derrumbó frente a sus ojos, se quedó inherte por un par de minutos mirando fijamente al frente. Ahí estaba Manuel, su Manuel, acostado en el piso en posición fetal, la ropa desaliñada y manchas de sangre en la parte trasera de su remera blanca. El chico no se movía, aunque de vez en cuando se le escapaban débiles sollozos.
Valentín, cuando logró salir del shock cerró la puerta tras de él y corrió a socorrer al alfa menor. Un miedo descomunal le invadió de pronto al verlo ahí tirado, tan ausente y tan roto. Un nudo se formó en su garganta y las palabras simplemente no salían, su mente era un jodido caos, no lograba formular ideas o una frase coherente con claridad.
—Andate, Valentín—, con voz débil y ronca Manuel habló. Lentamente alzó el rostro, fijando sus hinchados y enrojecidos ojos en los del mayor.
—No, no me voy a ir. ¿Qué mierda te pasó? —Abruptamente guardó silencio al percibir el aroma de otro alfa en el cuerpo de Manuel. En ese momento sintió como su sangre hervía de ira, sin embargó, se mantuvo calmado, no deseaba incomodar al menor.
—Necesito estar solo, de seguro tenés cosas más importantes que hacer—. Con dificultad y esfuerzo se puso de pie, sentía sus piernas entumecidas por la anterior postura, por lo que cayó antes de llegar al sillón.
En ese momento Manuel explotó, rompió en llanto y en un ataque de histeria comenzó a jalar sus cabellos con brusquedad. Valentín, corrió a detenerlo, por un momento se sintió en casa, consolando a su madre después de que su padre la usará a su antojo.
Lo abrazó, lo abrazó con tanta fuerza que temió hacerle daño, pasado unos segundos Manuel se aferró a su cuerpo, hundiendo el rostro en su pecho. Quiso ser fuerte, mantenerse firme y servir de apoyo para el más pequeño, sin embargo, no pudo. Las lágrimas se escaparon de sus ojos en contra de su voluntad y una vez que derramó las primeras ya no pudo contener todo ese dolor. En ese momento, ambos enfrentaban sus propios monstruos y la compañía del contrario ayudaba a remendar las profundas heridas.
Cuando ambos lograron calmarse, Valentín cargó entre sus brazos a Manuel, llevándole a la habitación. Ninguno pronunció palabra, en completo silencio el alfa mayor se encaminó al baño sentando al chico sobre el retrete para luego llenar la vieja bañera con agua tibia.
Lentamente le quitó la ropa, a medida que se deshacía de alguna prenda descubría nuevas marcas violáceos, marcas que ese otro alfa dejó sobre la piel de su amado. Con delicadeza lo tomó entre sus brazos para dejarlo dentro de la tina. Manuel, al sentir el agua tibia calentar su piel se estremeció, más una suave caricia en su mejilla le tranquilizó de inmediato.
Valentín, se encargó de limpiar y curar la mordedura de su hombro. Manuel, simplemente se limitaba a sollozar bajito de vez en cuando. Era la primera vez que alguien lo veía de esa manera, la primera vez que alguien estaba ahí para consolarlo y a pesar del estado en que lo encontró, respetó su silencio.
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Manuel, después de algunas horas finalmente se había relajado. Estar entre los brazos cálidos y protectores de Valentín le otorgaron la seguridad que necesitaba. El rubio mantenía sus ojos cerrados mientras que con voz quebrada le.improvisaba una canción. En ese momento Manuel volvió a sonreír.
—Gracias, gracias por estar acá conmigo—. Dejó un tímido beso sobre la quijada del mayor.
—No me des las gracias, con vos es con quién quiero estar cada segundo de mi vida—. Bajó la mirada perdiéndose en esas dos luces avellana.
—Te amo, Valen— dejó escapar un prolongado suspiro.
—Y yo te amo a vos, pero ahora descansa, mirá que cuando despertés tenemos que hablar de lo que te pasó—. Esbozó una pequeña sonrisa con la intención de no alterarlo.
—Te lo voy a contar todo—. Cerró sus ojos preso del cansancio tanto físico como emocional y entre sueños esbozó una tímida sonrisa. Ya no estaba solo, podría desahogarse al fin, ya no tendría que cargar solo con todos sus problemas.
Continuará...