Capítulo 12

1472 Words
Recordó de pronto ese día, el día en que se le dejó muy en claro su propósito en la vida. Por años lucho contra esos pensamientos, él tenía sueños y aún los tenía, simplemente con el paso del tiempo se resignó, perdió las esperanzas, realmente no se creía capaz de conseguir absolutamente nada en la vida. Se levantó del sillón, aún emitía leves sollozos, observó los platos sobre la mesita de centro y explotó. Cogió ambos platos aventándolos posteriormente contra el piso, poco le importó el desorden ocasionado, realmente, a esas alturas poco le importaba todo. En ese momento gritó, lloró, golpeó todo lo que se hallaba a su paso. Odio a Pedro por hacer de él la peor mierda, a su madre, por morir y dejarlo tan sólo, a Daniel por el solo echo de existir y por sobre todo a, Valentín, por romperle el corazón una y otra vez. Valentín, llegó a la casa de Daniel, quién desde hace un rato lo esperaba. Al verse, se fundieron en un cálido abrazo, las dulces feromonas de Daniel le transmitían una paz que reconfortaba todo su ser, entre los brazos de ese omega se sentía tan tranquilo, todo lo malo desaparecía con una sola caricia suya. Lo amaba, lo amaba con locura, desde niños lo amó, algún día sería completamente suyo, algún día llevaría su marca sobre su cuello y le amaría con la misma intensidad que él lo hacía. — ¿Por qué estás tan triste, Valen? ¿Problemas con el pelotudo de tu viejo? —La mirada del omega reflejaba preocupación absoluta. Con la intención de hacer sentir mejor al alfa le acarició la mejilla, manifestando a través de tan simple caricia el cariño infinito que le tenía. —No, mi viejo aún no regresa, creo que vuelve mañana, que se yo—. Recargó su barbilla sobre el hombro de, Daniel, aspirando su delicado aroma a manzana y canela—. Estuve en la casa de Manuel, le pegué—. Cerró sus ojos sin poder borrar la expresión dolida del otro alfa de su cabeza—. Le pedí la tarea para traerla, pero se enojó, me empezó a gritar y reaccioné mal. — ¿Y por esa pelotudez te sentís mal? Pará un poco, Valen. Ese chico es insignificante para todos, ahora cambia un poco la cara y hagamos la tarea juntos. ¿Te parece? —Enredó ambos brazos alrededor del cuello del alfa dejando un efímero beso sobre sus labios, para luego separarse. Valentín, embobado, asintió. Dani tenía razón, Manuel, era insignificante, no valía la pena bajonearse por alguien como él. Ignoró la presión en su pecho y se dispuso a pasar una buena velada junto al amor de su vida. °°°°°°° Valentín, entró al salón de clases esperando encontrar a, Manuel. Observó detenidamente a cada uno de sus compañeros, pero no habían rastros del chico. Habían transcurrido dos días de lo sucedido, dos días en que el otro no asistió a clases. Se sentía culpable, por más que deseara ignorar la situación no podía. A veces no entendía sus explosivas reacciones con, Manuel. El chico era diferente, era todo lo que a él le desagradaba, aún así no era una mala persona. Pese a que todos lo molestaban siempre estaba dispuesto a colaborar en lo que se le pidiese, jamás le faltó el respeto a nadie, nunca pasó a llevar a nadie. Se adentró en el salón con frustración, dejó caer estruendosamente su mochila sobre el pupitre para luego acomodarse en su silla. El profesor llegó e inmediatamente inició con la clase, odiaba tanto laa matemáticas, las odiaba por no lograr comprenderlas. Así mismo era con Manuel, él era como las matemáticas, incomprensible, por lo que le resultaba mucho más fácil odiarlo a intentar comprenderlo. Pese a todo, lo extrañaba, extrañaba percibir su aroma, sus miradas tímidas, sus pestañeos incesantes cuando estaba nervioso, la manera en que mordía sus bonitos labios, en definitiva lo extrañaba a él. Caminaba con prisa por las transitadas calles del centro, personas iban y venían cada quién sumergido en su propio mundo. Manuel, no era la excepción, se hallaba sumergido en su caótico universo intentando atarse la soga al cuello para escapar de aquel abrazante pantano llamado realidad. Sus ojos enrojecidos denotaban que lloró, su mirada desorientada manifestaba cuan perdido se sentía, cuan solo y abatido. De pronto se detuvo frente a una gran tienda, de esas dónde venden instrumentos musicales. Observó una de las guitarras, una clásica, bastante sencilla, aun así fuera de su alcance. La música era la única pasión que aún conservaba, lo único que le daba paz a su mísera existencia. Completamente absorto en la vitrina de la tienda no se percató de la persona que estaba a su lado, por lo que se sobresaltó al sentir una mano posarse sobre su hombro. Volteó abruptamente, sus orbes avellanas reflejaban miedo y ansiedad, emociones que cambiaron a una profunda tristeza al ver a Valentín frente a él. Valentín le recorrió con la mirada, notando la mancha violácea en la mejilla del contrario. Se sintió malditamente miserable, él ocasionó aquella marca y no sabía cómo remediar su error. Lo que más deseaba era poder controlar sus arrebatos de ira, sus miedos e inseguridades, pero era tan difícil y le costaba tanto. De algún modo Manuel lograba sacar lo peor de él llevándolo a límites inimaginables. Lo correcto era pedir disculpas, decir algo bonito que hiciera sentir bien al otro alfa, sin embargo no podía, su boca se sentía rígida al igual que todo su cuerpo. No reaccionó hasta que Manuel retiró su mano y comenzó a apartarse. Sin pensarlo corrió tras él y le sostuvo de los antebrazos con firmeza, el chico asustado volteó a verlo con su mirada cargada de auténtico horror. Valentín, sin saber que hacer optó por abrazarlo con fuerza. Manuel, bastante confundido por la acción del mayor se quedó quieto en su sitio. Lo mejor era dejar todo como estaba y huir de él, sin embargo su corazón exigía a gritos fundirse entre esos cálidos brazos. Siempre se caracterizó por ser un chico inteligente, pero en situaciones como estás era sumamente estúpido. Para sorpresa de Valentín, Manuel correspondió al abrazo, aferrándose al cuerpo del mayor con fuerza, hundiendo su demacrado rostro contra el cuello de este. —Manu... —Susurró el nombre del chico con devoción. En ese momento no quería pensar en nada, no se cuestionaría, al menos no ahí. Con una de sus manos comenzó a acariciarle la nuca mientras que con la otra le estrechaba más fuerte—. Perdóname, por lo del otro día. Me porté como un hijo de puta y reaccioné para el orto. —Seamos sinceros Valentín, vos siempre reaccionas para el orto, al menos conmigo siempre es así—. Se separó lentamente de los brazos del alfa. Era tan irónica la situación, en el único sitio que se sentía a salvó era entre los brazos de Valentín, quién día a día se esmeraba por lastimarle. —Es que sos todo lo que odio en una sola persona—. Arrojó aquellas palabras sin anestesia, no pensó en el daño que podría ocasionar en el otro chico. Simplemente fue sincero. — ¿Entonces qué hacés acá? ¡No te entiendo boludo! —Frunció el sueño, se sentía demasiado bajoneado como para guardar silencio y aceptar casa cosa que decía el mayor. Si tanto lo odiaba lo mejor era que lo dejara en paz. —No me cuestiones Manuel, no puedo explicar lo que me pasa con voz. Es raro, te odio, pero que se yo—. Se revolvió el cabello de manera impaciente, los cuestionamientos del otro alfa comenzaban a incomodarlo. —Dale, mejor dejémoslo acá— suspiró pesadamente—. Mirá Valentin, he tenido un día de mierda, me duele todo y solo quiero llegar a casa y meterme en la cama. Ponte un poquito mi lugar, no estoy como para boludeces con un pendejo tres años mayor que yo y que actúa como un nene chiquito—. Desvío la mirada fijando está en sus propios pies. —Tenés razón, dejémoslo así. Vos y yo no tenemos nada en común y no sé por qué mierda estoy perdiendo el tiempo con tremendo error de la naturaleza. Manuel indignado dió la vuelta y emprendió el camino de regreso a su casa. Necesitaba asearse, quitar de su piel el aroma de Pedro, olvidar lo sucedido y descansar. Avanzó con pasos rápidos, deseaba alejarse lo más pronto posible del campo visual de Valentín, sin embargo, muy dentro de él añoraba con que el otro alfa lo detuviera y poder fundirse entre sus brazos una vez más. Eso no pasó, Valentín emprendió marcha hacia el lado contrario siguiendo su propio camino.
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