Capítulo 15

1462 Words
Hola de nuevo, acá vengo a dejarles un nuevo capítulo. Estoy hasta el cuello de tareas, aún así me he tomado el tiempo de dejarles algo. Ante todo quiero agradecer a cada persona que lee esta historia, que vota en cada capítulo y deja sus comentarios. También agradezco a esos lectores fantasmas, que aunque no hagan nada de lo anterior de igual modo están al pendiente. Gracias por ese apoyo, un beso y abrazo a la distancia. Capitulo 14.- A veces actuaba sin pensar, era impulsivo e irracional. Simplemente era un manojo de emociones y sentimientos, siempre se le consideró un alfa débil, sin embargo, nadie ponía en discusión su inteligencia. Era cierto, Manuel era un chico inteligente, pero al tratarse de Valentín Oliva, esa inmensa inteligencia se evaporaba. Había firmado su sentencia de muerte involucrandose en un juego peligroso y dañino. No midió las consecuencias cuando aceptó, cuando rogó por la presencia del otro alfa. Al principio no fue tan difícil, Valentín lo visitaba tres o cuatro veces a la semana, hablaban de todo, veían películas y cenaban algo rico. Ninguno de los dos tocaba el tema tabú. Valentin fingía estar solo, mientras que Manuel ignoraba el olor dulzón impregnado en el cuerpo del alfa, ese olor que marcaba cada centímetro de su lechosa piel, ese maldito aroma que se encargaba de recordarle que el alfa tenía dueño. Dolía, no podía negarlo. Siempre que el alfa abandonaba el modesto departamento rompía en llanto. En la soledad de su cuarto pensaba, era en esos momentos que el peso de sus decisiones le oprimía el pecho, sin embargo, se juró aguantar. Llegaría el momento en que Valentín lo escogería, el momento que abandonaría a ese altanero Omega y se fundiría en sus brazos. Solo debía ser paciente y aguantar. Transcurrió un año, un maldito año dónde cada día moría lentamente, dónde la incertidumbre de su relación le carcomía la cabeza, aún así, resistió. Amaba a Valentín, lo amaba con locura. Más de una vez se planteó en dejarlo, en darle fin a tanto sufrimiento, pero, al estar entre sus brazos aspirando su intenso aroma lo olvidaba todo. Hoy era su aniversario, cumplían un año juntos, como pareja. Acordaron pasarlo en casa, esa noche el alfa se quedaría a dormir con él, algo que escasa vez hacían. Manuel deseaba sorprenderlo, preparar algo especial para la ocasión, los omegas eran detallistas y preocupados, actitud que a los alfas les encantaba. Él no era así, él no era un omega. Aún así, se esmeró en preparar un ambiente adecuado para la ocasión, limpió el departamento, cubrió la vieja mesa de madera con un bonito mantel de tela color Burdeo, puso velas aromáticas en el centro y ordenó prolijamente los cubiertos. Con los ahorros que aún conservaba compró la cena. Sushi y un buen vino tinto, desde su punto de vista, una estupenda combinación. Todo estaba en orden, aún faltaban treinta minutos para que el alfa llegara, por lo que se apresuró en arreglarse. Se dió una ducha rápida, cubrió su piel de aceites aromáticos potenciando su propio aroma. De su guardarropas escogió las prendas más presentables, un pantalón oscuro bastante ajustado y un canguro gris, el que por cierto, le quedaba bastante grande. Una vez listo, se dejó caer sobre el viejo sillón que tenía en la sala. Ya era la hora, Valentín llegaría en cualquier momento y todo estaba en orden. Los minutos transcurrían de manera lenta y tortuosa, dentro del departamento reinaba absoluto silencio, el sonido de las manecillas del reloj era el único sonido que reinaba en el ambiente. Transcurrieron 40 minutos y el alfa aún no llegaba, comenzó a preocuparse, por lo que decidió llamarle. Por más que lo intentó no logró comunicarse, Valentín tenía el teléfono apagado, resignado dejó su celular a un costado de su cuerpo y cerró los ojos. Valentín no llegaría. Quiso ser optimista y esperar un poco más, cuando el reloj marcó las doce de la noche su escaso optimismo se esfumó. Fue en ese momento que se quebró. Lloró, lloró con todas sus fuerzas, Valentín sabía que era una fecha importante y aún así prefirió a ese estúpido omega. Se levantó del sillón y caminó lentamente hasta la mesa, se sentó en una de las sillas y destapó la botella de vino, con poco cuidado llenó su copa y alzó está al cielo. - ¡Brindo por mí! ¡Por qué soy el rey de los boludos, un gorriado sin una pisca de dignidad! -Un nudo se formó en su garganta al acabar su monólogo. Acercó la copa a sus labios y bebió de un solo trago el amargo líquido. Observó de reojos la bandeja de sushi que se encontraba a un costado de la mesa, eran piezas de todo tipo, aún así, desistió a la idea de comer. Su estómago se encontraba comprimido por lo que no soportaría bocado. De pronto, el sonido de la llave siendo introducida en la cerradura captó su total atención, no pudo evitar sonreír tontamente mientras su corazón galopaba con fuerza. No importaba la hora, lo que realmente importaba era que Valentín estaba ahí. Toda su alegría se esfumó cuando la puerta se abrió dando paso a la silueta de Pedro. El castaño observó al hombre con desconcierto, sabía que esa era su propiedad pero desde hace mucho tiempo dejó de irrumpir en su domicilio. - ¡Mirá que bonito recibimiento! -Canturreó el hombre con auténtica burla mientras giraba levemente para cerrar la puerta tras de sí. - ¿Qué haces acá? -Balbuseó aquella pregunta, su mirada se mantenía baja y nervioso jugaba con el borde de su canguro. - ¿Osea que todo esto no es para mí? -Con paso seguro se acercó a Manuel, con extrema brusquedad le cogió del mentón obligándole a mirarle a la cara-. ¿Se te olvida que está es mi casa? Déjame recordarte que puedo venir cuando se me de la puta gana, pendejo. -Se que es tú casa... ¡Soltame que me haces doler! -Se removió incómodo ante la compleja situación. - ¿A quién esperabas? Al parecer te he descuidado demasiado y terminaste buscando quién te diera pija, ¿verdad? -Enterró sus dedos con maldad dejando marcada la piel del chico. - Me duele... -Apretó los ojos con fuerza. - ¿Te dejaron plantado? -Acercó su rostro al oído del alfa menor susurrando aquello con burla-. Seguro te cambiaron por un omega, debes entender que es lo correcto, vos solo servis para ser usado, tal como yo voy a hacer ahora. Manuel no dijo nada, solo cerró los ojos esperando que todo fuera rápido, o que simplemente fuera una pesadilla de la cual pronto lograría despertar. Se sobresaltó cuando el mayor le volteó con brusquedad, provocando que su rostro se golpeara con la pared. Se quejó bajito y se estremeció al sentir que el mayor le bajaba los pantalones. No pudo evitar derramar lágrimas cuando el hombre lo penetró sin cuidado alguno, sus piernas temblaron con cada arremetida que el mayor daba y le costaba sostenerse en pies. Cerró sus ojos, necesitaba pensar en algo más, algo tan agradable que le ayudará a olvidar el dolor que sentía en ese momento. De pronto, recordó los hermosos ojos de Mateo, su sonrisa aniñada, su nariz bien formada, la suavidad de su cabello, adoraba acariciarlo y enredar los suaves mechones entre sus largos dedos. Pensó en su aroma, en sus labios y en lo condenadamente bien que besaba. Sintió ese cosquilleo intenso en el centro de su estómago y supo que estaba perdido. ¿Era posible amar a dos personas al mismo tiempo? Era algo que en ese preciso momento no deseaba analizar. Una brusca mordida en su hombro lo trajo de regreso a la realidad, Pedro dió una última embestida mientras enterraba sus dedos en las caderas de Manuel, para después abandonar su interior sin cuidado alguno. La herida en el hombro del chico no pintaba nada bien, algunos hilos de sangre escurrían por su espalda y pecho, y, el ardor era insoportable. Pedro, arregló con prisa su ropa y sin decir palabra alguna abandonó el departamento. Al verse solo, Manuel se dejó caer en el piso , se sentía tan jodidamente sucio que lloró y gritó hasta el cansancio. Definitivamente alguien como él no era digno de Mateo, ese chico era demasiado perfecto como para merecer a alguien tan roto y usado. Su celular vibró, observó la pantalla y vió un mensaje de w******p de Valentín, "feliz aniversario mi amor. Mañana te caigo a comer". No le respondió, sintió tanta rabia en ese momento que arrojó el teléfono lejos de él, poco le importaba que se rompiera, ahora no le apetecía hablar con él, no le apetecía hablar con nadie. Continuará.
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