Capítulo 2
Con prisa sacaba sus cosas del guarda ropas aventando todo sobre su cama. Necesitaba empacar rápido, su padrastro no debía enterarse de su desición, no al menos mientras estuviese en esa casa. Lo más probable era que arruinaría la oportunidad que se le había presentado. Hace unos días había recibido una carta de la universidad más prestigiosa del país donde le anunciaban su ingreso con una beca todo pago.
Contaba con algunos ahorros, eran más que suficiente para costear el boleto del pasaje y la alimentación de algunos meses. No era necesario que su padrastro le diera nada, él podía arreglárselas por su cuenta. Le demostraría a todos que no era ningún fracasado.
Mateo desconcertado observaba la escena. ¿Qué pretendía Manuel? ¿Acaso pensaba abandonarlo? ¿Por qué? ¿Qué había detonado una decisión de esa índole? ¿Acaso su padre sabía? Honestamente a él le daba la sensación de que su hermano estaba huyendo. Nervioso por la situación se acercó al mayor tomándole del brazo, zarandeándolo despacio, tratando de hacerlo reaccionar con su acción.
— ¿Qué estas haciendo, Manuel?— Frunció el ceño evidentemente molesto— ¿a dónde pretendes ir? ¿Acaso papá lo sabe?
— ¡Ahora no Mateo! Si no me doy prisa el autobús se irá sin mi—, se zafó de su agarre con cierta rudeza—. No quiero irme enojado contigo, sabes que te amo y que me importas, pero esto es necesario—, muerde su labio inferior luchando por contener las inmensas ganas de llorar que lo invaden.
—No voy a ir a permitir que te vayas de casa, no puedes hacerme esto Manuel. ¿Qué haré sin ti?— Le arrancó el bolso de las manos, en el forcejeo cayó toda la ropa al piso.
— ¡Por la mierda, Mateo! —Exclama enojado mientras se colocaba en cuclillas para recoger la ropa, echándola desordenada dentro del bolso. No había tiempo para ponerse a ordenarla.
Manuel ignorando completamente la presencia del menor comenzó a hurguetear con desesperación dentro de los cajones, sacando finalmente un par de cosas más. Ya todo estaba listo, solo faltaba irse. En sus pensamientos todo parecía más sencillo, era un plan tan simple, tomar su bolso e irse para siempre de aquel infierno. Pero ahora que tenía a Mateo frente a él, con los ojos empañados por las lágrimas, todo se complicaba.
—Teo, por favor, no llores— dejó el bolso en el piso y se acercó al más pequeño—. Sabes que te amo ¿verdad? Eres todo para mí, tú eres el motor de mi vida y jamás te voy a abandonar—. Esbozó una triste sonrisa—. Me voy de la casa pero no de tu vida. Lo hago por un futuro mejor, me gané una beca en la universidad Stadtler, la mejor universidad del país. Además, el día que cumplas la mayoría de edad podremos vivir juntos, te aseguró que seremos inmensamente felices —. Dejó reiterados besos sobre la frente del moreno—. Aparte puedes ir a visitarme y quedarte conmigo los fines de semana.
—Te voy a cobrar la palabra—. Entrecerró los ojos con suavidad al sentir los suaves labios del mayor sobre su frente, un enjambre de abejas revoloteando con violencia en su vientre—. ¿Papá sabe de esto? —Un suspiro involuntario escapó de sus labios.
La puerta de la habitación se abrió abruptamente, el golpe seco de la puerta contra la pared alertó al más pequeño, mientras que el mayor de los alfas temblaba en su sitio, intentando disimular su estado. El alfa mayor fijó su penetrante mirada en Manuel, quién incómodo se removía en su lugar. Ese hombre le aterraba, su sola presencia lograba paralizarlo. Era una reacción normal, desde que su madre falleció él se encargó de abusar en todos los sentidos de su persona.
— ¿Qué es eso que tengo que saber, Teo?—Cuestionó de pronto sin despegar su mirada de Manuel.
—Nada papá— con voz trémula espondió—. ¡Llegaste temprano! —Intentó cambiar el tema y romper un poco la pesada tensión en el ambiente.
—Si, tenía ganas de descansar un poco, han sido días bastante pesados— esbozó una tétrica sonrisa—. Olvidé traer algo para la cena. Mateo ve a comprar— sacó de su billetera algo de efectivo, con pasos lentos y seguros avanzó hacia ellos entregándole los billetes al moreno—. Compra una pizza y algunos refrescos.
Mateo. resignado recibió el dinero guardándolo inmediatamente en su bolsillo. Salió de la habitación arrastrando los pies con pesadez. Giró un instante, pudo apreciar la postura encorvada de Manuel y como mordía los bordes de sus dedos a causa de la ansiedad que le provocaba la situación. La mirada gélida de Pedro, su padre, le advirtió que era mejor obedecer. Por lo que, pese a su miedo avanzó con paso firme al exterior.
— ¿A dónde pensás ir?— El hombre, con total confianza se recostó en la cama del menor. Aflojó el nudo de su corbata para luego llevar sus manos tras la nuca, adoptando una postura totalmente cómoda, con una expresión burlesca en el rostro.
No le impediría irse de casa. Realmente el chico no le importaba en lo absoluto, solo era una vergüenza para su familia y un cáncer para su hijo. Pero no lo dejaría ir sin antes divertirse un poco con él, desde que Manuel se presentó como alfa comenzó a disfrutar mucho más de sus violentas sesiones de sexo forzado. Someter a alguien de su propia especie le otorgaba una satisfacción inexplicable.