Hola mis niñas!!!! Espero estén super bien, yo acá, muerta de calor y sudando como si estuviera dentro de un sauna, mientras maldigo el cambio climático ya que hace 10 años en Valparaíso en estas fechas era agradable. Bueno, acá vengo a dejar un nuevo capítulo y agradecer el apoyo que me han brindado durante toda la historia.
Capitulo 17.—
Guardó algo de ropa dentro de su mochila, con lo que llevaba era más que suficiente para pasar unos días con Manuel. Tenía demasiadas ganas de verlo y por algún motivo se sentía sumamente preocupado. Desde hace unos días el otro alfa dejó de responder a sus mensajes, quizás estaba enfermo y necesitaba quien cuidara de él.
Se colgó la mochila al hombro y salió de la habitación encontrandose a su padre en medio del pasillo, observandolo de un modo que le resultaba bastante extraño. Detuvo sus pasos de pronto, con su padre siempre tuvieron demasiada confianza y el mayor se encargó de consentirlo y mimarlo, por eso, sentir miedo de pronto hacia su padre, era la cosa más jodidamente extraña que podría pasarle.
Sin embargo, ahí estaba, de pie en medio del pasillo manteniendo una distancia prudente del alfa mayor. Tragó saliva y carraspeó suavemente, tratando de ese modo restar un poco de tensión al ambiente. Su idea no fue de gran utilidad, Pedro seguía con la mirada afilada y una postura que denotaba alerta. En ese momento, Mateo notó las pronunciadas ojeras que cubrían los párpados superiores e inferiores de su padre, lo demacrado que lucía su rostro y el fuerte aroma a alcohol barato que impregnaba su ropa.
— ¿Pasa algo, viejo? —La voz del moreno se sintió demasiado aguda a causa de los nervios.
— ¿A dónde te pensás que vas? —Una risa irónica resonó en medio del silencio—, ¿pensás ir donde Manuel?— Arrastró las palabras provocando cierto rechazo en el menor.
—Si, hace tiempo que no hablamos, quiero saber si está bien—. Rápidamente bajó la mirada, nunca fue un chico tímido, sin embargo, la actitud de su progenitor le incomodaba.
—Esta bien, no necesitas ir a verlo. Está muy bien acompañado y un pendejo como vos solo saldría sobrando—. Las ácidas palabras de su padre se clavaron en lo más profundo de su corazón.
Desde hace mucho, Pedro se había percatado de los sentimientos de su único hijo hacia Manuel, sentimientos que le parecían de lo más incorrectos. Manuel, para él, era solo un maldito error de la naturaleza, no merecía ser amado, su única función en la vida era servir y obedecer. ¿Cómo su hijo podía pensar en tener algo con semejante basura? Mateo era un chico increíble, no podía pensar en perderse de ese modo, mientras el viviera no lo permitiría.
—Ahora volvé a tu pieza y deja de romperme los huevos—. Arqueó una de sus cejas desafiante.
—Pá, vos sabés que te respeto y te quiero, pero el que me rompe los huevos sos vos. Lo que pasa es que nunca lo quisiste, siempre te portaste para el orto con él, mientras que vos te ibas de joda para superar tu duelo era él quien me cuidaba, quién se preocupaba de cumplir un rol de padre y madre que no le correspondía—. La actitud hostil de su padre le asustaba, de pronto se sintió retroceder en el tiempo, en aquellas épocas dónde aterrado se ocultaba entre los brazos de Manuel. Pese a eso no podía callarse, necesitaba dejar fluir todo lo que pensaba.
— ¡Siempre lo e tratado como se merece! —Gritó de pronto el hombro, completamente encolerizado
— ¿Por qué lo odias tanto? —Tenía ganas de llorar, de gritar, de mandar todo a la misma mierda—. Él siempre fue bueno, siempre te hizo caso en todo, siempre nos cuidó. Por más que pienso un motivo lógico para justificar tu odio no lo logro encontrar. No te podés llegar a imaginar las veces en que lloré por tú culpa, por qué venías borracho y le pegabas sin motivos, buscabas cualquier excusa para hacerlo—. La voz se le quebró y rompió en llanto.
—Manuel, es un error de la naturaleza, una vergüenza para nuestra especie—. Respondió hostil, aunque en su interior le desarmaba ver llorar a su pequeño cachorro.
— ¿Un error? ¿Eso pensás? —Soltó una risa irónica— déjame decirte que yo también soy un error, ¿querés saber por qué, pa?
— ¡Cerrá la geta, Mateo! —Gritó de pronto comenzando a sentirse realmente incómodo.
— ¡Cerrá vos el orto, viejo! ¡Yo también soy un error, por qué amo a Manuel, lo amo con tal intensidad que no te lo podés imaginar! —Limpió bruscamente sus lágrimas—. Déjame decirte que Manucho es el error más lindo de mi vida—, le apunta con su índice—. Más te vale no volver a tocarle un pelo, por qué si me entero que le hiciste algo olvídate que tenés un hijo—. Sentenció con decisión para luego voltear y encerrarse en su habitación.
Pedro, jamás creyó en el karma o el destino, sin embargo, en ese momento creía que el destino se reía de él en su casa. Mateo, era su único hijo, todo su mundo, el único recuerdo de su difunta esposa y ahora se veía enfrentado a él. Tenía tanto miedo de perderlo, tenía tanto miedo de Manuel y lo que este podría hacer con su hijo solo por venganza.
¡No, no podía permitirlo! Nadie le arrebataría a su pequeño, nadie contaminaría la pureza de su hijo, no permitiría que una basura, como Manuel lo era, dañara lo que más amaba. Con pasos torpes a causa del alcohol se encaminó a su propia habitación, chocó con algunos muebles en el recorrido hasta que finalmente encontró el cajón donde guardaba los documentos y dinero. Con mano temblorosa logró abrirlo y con bastante desesperación sacó lo que ahí guardaba.
— ¡Acá estás, muñeca!— canturreó al momento que tomaba un arma de fuego entre sus inestables manos.
Observó la pistola por algunos segundos para luego guardarla en el bolsillo de su pantalón, tomó las llaves del auto y con prisa salió de la casa. Era hora de poner fin a ese asunto, era momento de hacer algo bueno por su hijo y salvarlo del pecado y la perdición.
Mateo, aventó con furia la mochila al piso para luego aventarse boca abajo en la cama. Tenía tanta rabia y tristeza a la vez, que solo supo llorar. Lloró hasta el cansancio, hasta que sus párpados ardieron con furia y apenas lograba mantener los ojos abiertos. De pronto un recuerdo del pasado se alojó en su mente, transportándolo a ese momento.
Cinco años atrás...
El ruido de loza quebrándose logró llamar la atención de ambos niños que yacían dormidos en la misma cama. Manuel, instintivamente rodeó con sus brazos al más pequeño. Pronto cumpliría catorce años y siendo tan joven conocía a la perfección el temperamento violento de Pedro cuando bebía.
—Teo, vos quédate acá, no importa lo que escuches, no salgas de la pieza—. El rostro de Manuel reflejaba pánico, aún asi su prioridad era proteger a quien tanto amaba.
—No vayas Manu, cerremos la puerta con llave—. Se aferró a la camiseta blanca del mayor, rehusándose a dejarlo partir.
—Quedate tranquilo, de seguro es papá y necesita ayuda—, apartó con dulzura algunos mechones rebeldes del rostro del moreno besando posteriormente su frente.
Con ojos llorosos observó el cuerpo de su hermanastro alejarse. Lentamente se levantó de la cama y con pasos sigilosos se acercó a la puerta, escuchó gritos por parte de su padre y el llanto desgarrador de Manuel. Desesperado abrió la puerta y corrió hacia la sala encontrándose con una escena aterradora.
Manuel, lloraba y se quejaba en el piso mientras su padre le jalaba con violencia del cabello y estrellaba la cara del chico contra su entrepierna. En ese preciso momento, Mateo sintió unas inmensas ganas de vomitar, las cual contuvo estoicamente y sin pensarlo dos veces se abalanzó contra la espalda de su padre para jalarlo del cabello con fuerza.
Esa fue la primera vez en que su padre lo golpeó, pero no le importó. Podría soportar Miles de golpes con tal de defender a Manuel, por ver una sonrisa en su rostro era capaz de todo.
Ya no era un niño, ahora analizaba aquella escena de manera diferente. Ahora todas las piezas le calzaban, la actitud asustada y tímida de Manuel, se debía a los abusos de su padre. De pronto sintió la puerta de entrada y minutos después el sonido del motor del auto, rápidamente se levantó de la cama, tomó su teléfono, las llaves y salió de si casa siguiendo los pasos de su padre, por algún motivo tenía un mal presentimiento.
Continuará...