Hola mis niñas!!! He venido a dejar un nuevo capítulo, espero hayan disfrutado del anterior y por sobre todo agradecer el apoyo. Cuando inicié está historia solo tenía una idea vaga de algo que deseaba a escribir y con su apoyo capitulo a capítulo esto fue tomando forma y ya estamos llegando a un punto sin retorno dentro de esta historia. Si les gusta el capítulo no olviden dejar su cuota de amor, que es lo que tanto me anima a dedicarle tiempo a esto. Les agradecería de igual modo si en los comentarios etiquetan a alguien que le guste el shipp.
Capitulo 18.-
Somnoliento se levantó de la cama, buscó con la mirada a su alrededor sin encontrar rastros de Valentín. Por un momento se asustó, temió que todo lo vivido con anterioridad fuese solo un jodido sueño. Con desgano se encaminó a la sala para encontrarse con una rotunda soledad. Valentín, una vez más se había ido.
No sabía cómo sentirse al respecto, no después de todas esas promesas que se hicieron la noche anterior. Se recargó contra la pared de la cocina mientras tanteaba distraídamente sus propios labios, los cuales estaban aún hinchados por los besos hambrientos de la noche anterior.
¿Siempre sería de ese modo? ¿Siempre sería el último en su vida? El sólo pensar en eso le deprimió aún más, entendía qué aún eran jóvenes y la naturaleza aventurera del otro alfa le exigía experimentar nuevas experiencias, sin embargo, seguía alojando la ilusa esperanza de ser el único en su vida. Con cansancio se sentó en la primera silla que divisó, su mirada se centró en una hoja de cuaderno mal cortada que yacía sobre la mesa. Rápidamente la tomó entre sus manos y la desdobló con torpeza.
"No salgas de casa, Cerrá todo bien para que evitemos visitas inesperadas. Voy a mi casa por unas cosas y regreso. Te amo guacho." Una risa de alivio escapó de los labios de Manuel, todo estaba bien, de ahora en más así marcharía su vida, bien.
Más animado paseó por la cocina buscando algo ligero para desayunar, de pronto, todo su desgano desapareció y sentía que se había quitado un inmenso peso de encima. Encontró algunas galletas dulces las cuales dejó sobre la mesa y preparó todo para unos ricos mates. Cuando Valentin regrese le cebaría algunos.
Un golpe, dos golpes, tres golpes, seis golpes y de pronto, un estruendoso sonido contra la puerta de entrada logró sobresaltarlo. Ante el miedo de percibir un aroma demasiado familiar quedó estático en su sitio. Sus piernas comenzaron a temblar ligeramente al oír los pasos hostiles de aquel alfa. Cada pisada que ese hombre daba podía retumbar en sus oídos, formando una sinfonía macabra junto a los aterrados latidos de su corazón.
Alzó el rostro al percibir la presencia ajena, encontrándose con los ojos fieros de Pedro, su verdugo. Inconscientemente Manuel, apretó sus puños resignado dejando salir aquel aroma agrio que delataba su estado de ansiedad y terror. El hombre lo recorrió con la mirada, memorizando cada detalle de su juguete favorito, juguete que por el bien de su hijo debía desechar.
—Hasta acá llegamos, Manu—, deja escapar un melancólico suspiro mientras saca el revolver de entre sus pantalones—. La pasamos re bien, creo que cogerte fue lo mejor que me pasó en la vida—. Mencionó con burla.
Manuel, no lograba controlar los movimientos de su cuerpo, por más que le exigía a su cerebro dejar de temblar no podía evitarlo. Estaba aterrado, no se le ocurría que hacer o como salir de tan escalofriante situación y su espíritu sumiso le exigía esperar su final con resignación.
— ¿Qué tal si te rompo el orto una última vez? —Con pasos lentos y seguros se acercó a donde estaba el alfa más pequeño.
Sin un poco de consideración cogió al chiquillo del cabello, y con brusquedad le arrastró a la sala. Le dedicó una última mirada despectiva antes de estampar su puño en la mejilla de este. Manuel, chilló ante el impacto del golpe, su pómulo ardía y su cabeza se sentía aturdida.
—Me das pena pibe, aunque deberías de estar agradecido conmigo—. Le propinó una patada en el estómago— al menos te di una utilidad durante todos estos años, podes descansar en paz—. Se colocó en cuclillas y apuntó con el arma sobre la sien del menor.
Manuel, cubrió sus ojos con ambas manos. No deseaba ver el rostro lleno de satisfacción que se cargaba su verdugo, aquél hombre que siendo tan pequeño le arrebató la inocencia sin piedad alguna. Ese hombre, que día tras día se encargó de herirlo en lo más profundo, ese hombre que cientos de veces le hizo pensar en el suicidio. El culpable de llenar su corazón de odio y rencor, quién se encargó de moldearlo con sus sucias manos y convertirlo en un montón de basura.
Sollozo bajito al recordar que ese hombre, quién le arruinó la vida, es tan bien el padre de la persona que más ama en el mundo y por ese motivo nunca pudo explotar ni permitirse odiarlo. Mateo, en ese momento la imagen del chico invadió su mente. Lamentaba el no poder decirle adiós, el no poder robarle un último beso y decirle que su amor por él no tenía límites.
De solo pensar en ello, lloró con más fuerza. Se sintió tan sucio y miserable por desear aquello, por amarlo con la maldita intensidad que lo amaba. Se escogió en si mismo tratando de disipar aquellos pensamientos, por que no podía amarlo de ese modo, no era correcto, no estaba bien y callaría siempre con tal de mantenerlo a salvo de si mismo.
Iba a morir, no tenía nada de malo asumir sus sentimientos por un instante, por un último instante. ¿Dónde quedaba, Valentín? Pensó de pronto en quién era su pareja y lloró aún más. Sintió el característico sonido del arma cuando le quitan el seguro y el frío metal chocar contra su sien.
—Dale un beso a tu vieja de mi parte, decile que me hizo inmensamente feliz dejándome a un cachorro tan puro y come pija como vos—, jaló del gatillo.
El estruendoso sonido de un disparo inundó el pequeño departamento. Todo pasó demasiado deprisa, todo resultó demasiado confuso para Manuel, cuando este asustado abrió los ojos.
Frente a él se encontró una escena que jamás esperó, quedó paralizado en su sitio al ver a Pedro, inconsciente en el piso, mientras Mateo, se hallaba sentado sobre él golpeando una y otra vez su rostro con los puños. El aroma a sangre se impregnó en su nariz provocandole unas intensas ganas de vomitar.
Observó aterrado el rostro desfigurado del hombre y los puños del chico cubiertos de sangre, de la sangre de su propio padre. Por su culpa Mateo era un asesino, acababa de arrebatar la vida de su padre y por más que se esforzó en protegerlo no lo logró.
— ¡Mateo! —Exclamó entre llanto deseando que finalmente se detuviera.
Como por arte de magia el moreno dejó caer sus brazos con pesadez, agachando la cabeza inmediatamente. Manuel, muy lentamente gateo atravesando la sala con la intención de alcanzarlo, sin embargo, cuando el moreno alzó el rostro y fijó su penetrante mirada en él, se detuvo, todo a su alrededor se detuvo.
— ¿Por qué nunca me dijiste nada? —Aquella pregunta salió de los labios resecos del moreno con dolor, su vos se oía totalmente rota.
Continuará...
Se que he demorado muchísimo en actualizar, pero aquí estoy de vuelta y esta vez para quedarme un buen rato.