Capítulo 19

1763 Words
Hola mi gente querida!!!! He aquí esta tóxica escritora dando señales de vida. El trabajo y mis quehaceres diarios consumen mi vida, pese a eso jamas pierdo las ganas de escribir un poco. Ya no queda tanto para llegar al final de esta historia y un pequeño spoiler, los capítulos que quedan son sumamente intensos. Espero el capitulo les guste y le entreguen mucho amor, no olviden regalar su ☆, comentar y compartir si les gusta!!!! ♡♡♡ Capítulo 19.- Las manos frías de Manuel, temblaban sobre las mejillas húmedas de Mateo. En un gesto de ternura comenzó a repartir castos besos sobre su rostro, tal cual hacía cuando eran pequeños y el alfa menor no podía conciliar el sueño a causa de una tétrica pesadilla. Valentín, observaba la escena con furia, sin embargo, se mantenía en un mutismo aterrador mientras se removía disgustado en aquel viejo y duro sillón. No le agradaba en lo absoluto el tipo de relación que mantenían ambos menores, le enfermaba el amor que Manuel expresaba en cada caricia, amor que jamas vio reflejado hacia él. —Eu pibe, volvé a tu casa y hace de cuenta que nada pasó. Yo me encargó del fiambre—. Mencionó de pronto Valentín con marcado sarcasmo, volviendo de ese modo el ambiente mucho más denso. — ¡Chupame un huevo, hijo de puta! -Mateo, se liberó de los brazos de Manuel, y con evidente molestia se acercó al alfa mayor—. ¡El que está ahí tirado es mi papá! ¡Tené un poco de respeto, pelotudo! —Gritó al borde de la histeria. — ¿No me digás? No tenía ni idea de que era tu viejo. ¿Es loco sabés? Los nenes de tu edad no deberían de hacer eso con sus papis—, arqueo una de sus cejas para luego recargar su espalda contra el respaldo del sillón. Fijó su intensa mirada en el chico frente a él. —Valentín, mejor cállate y no sigas echando leña al fuego—. Intervino Manuel, al percatarse del excesivo sarcasmo utilizado por su novio—, mejor déjanos conversar a solas. Valentín, asintió con un leve movimiento de cabeza, para luego ponerse de pies y salir del departamento. Necesitaba pedir ayuda a su padre, de lo contrario sería demasiado difícil deshacerse del cadáver sin comprometer a Manuel. Sin más que hacer llamó a su padre y le relató lo sucedido. Manuel, con pasos temblorosos se acercó a Mateo, quien se mantenía cabizbajo en el mismo sitio. Con mucho cuidado posó sus frías manos en las cálidas mejillas del moreno y con movimientos delicados le obligó a alzar el rostro. Sus miradas chocaron de golpe, los labios del mayor temblaron ligeramente sin saber que decir realmente. Se quedaron en silencio sin apartar la mirada, sus ojos lograban expresar aquellas palabras que evitaban decir, sin embargo, Mateo, decidió romper el mutismo en que ambos se encontraban. — ¿Por qué, Manuel? Solo dame una explicación coherente—, su voz se oía ronca a causa del llanto. —No pude, no tengo esa explicación que tanto queres—, cerró los ojos un momento a causa de la vergüenza que sentía—. Tenía miedo, tampoco quería ensuciar la imagen que tenías de tu papá, prefería aguantar en silencio hasta que vos cumplieras la mayoría de edad y nos fuéramos a la mierda—. Las primeras lágrimas recorrieron sus mejillas para luego romper en llanto—. Tenía tanto miedo de perderte, a veces, a solas, imaginaba que te enterarás de la verdad y me odiabas. ¡No podría vivir con tu odio, Mateo! Simplemente no podría, todo fue más llevadero con tu sonrisa y tus abrazos —. Retiró las manos de las mejillas del moreno para dejar caer sus brazos con pesadez. — ¡No llorés, Manucho! —Exclamó con voz quebrada, sin decir nada más lo envolvió entre sus temblorosos brazos. Manuel, a pesar de todo lo transcurrido en las últimas horas, se sentía tranquilo. Ya no existían mentiras entre Mateo y él, no había nada que temer y sin importar que les deparaba el futuro, él se sentía seguro, por que si estaban juntos nada ni nadie los podría derrotar. Era el iluso pensamiento de un chiquillo que apenas tenía 18 años y creía que nada podía ir peor de lo que ya iba. || Valentín, se mantenía en un profundo silencio, mientras distraídamente observaba el paisaje de la ciudad y su nariz ligeramente rozaba la fría ventanilla del vehículo de su padre. Pese a estar ambos callados, el ambiente que se respiraba dentro era en exceso tenso. Tenía muy en claro que su padre estaba furioso, había expuesto sin pensar el apellido de la familia y lo que más enfureció al hombre, fue que lo hizo por salvar el culo de un alfa afeminado. Dió un respingo en el asiento cuando el automóvil se detuvo, no se atrevió a voltear el rostro, ni mucho menos a pronunciar palabra, debía pensar en una buena excusa para decirle a su padre, de lo contrario el castigo sería severo. —Baja ahora mismo y espérame en mi oficina—. Posicionó su imponente mano sobre el hombro de su hijo, haciendo presión con sus dedos. —Dale—, soltó escuetamente aquella palabra. Sutilmente se deshizo del agarre del mayor y bajó del automóvil. Con pasos lentos se encaminó a la entrada, no recordaba donde dejó sus llaves por lo que tocó el timbre. Noelia, la empleada más joven de la casa fue quien le abrió, recibiendo al alfa con una inmensa sonrisa. Valentín, le saludó con un pequeño movimiento de cabeza, no se sentía de humor como para lidiar con la coquetería de aquella omega. De pronto, su hogar le pareció más frío que de costumbre y totalmente ajeno. Recordó de pronto los años donde el ambiente era impregnado del dulce aroma de su madre, donde ella, con su dulce sonrisa, transformaba esa inmensa casa en un cálido hogar. Un desganado suspiro escapó de sus finos labios y sin dar más vueltas, se adentró en la oficina de su padre. Se quedó de pies esperando por él, sentía su cuerpo tan rígido que no se atrevía a tomar asiento. Un nudo se formó en la boca de su estómago y sus extremidades temblaron al recordar el día donde los castigos de su padre fueron más severos que de costumbre, aún recuerda que faltó más de dos semanas a la escuela. —Papá, yo puedo explicarte lo que pasó—. Valentín, caminaba de un lado a otro nervioso, el pequeño niño de 10 años, que era en ese entonces, se esforzaba por contener las lágrimas. —Nada de lo que digas para mí tiene validez, el director habló conmigo respecto a tú inaceptable comportamiento y tus retorcidos gustos—. El hombre desprendió con lentitud su cinturón, para luego retirarlo con la misma parsimonia —. Me parece que voy a tener que enseñarte a ser hombre, en mi casa no son bienvenidos ese tipo de fenómenos —, golpeó un par de veces la palma de su mano, para probar la dureza del cuero. —No tiene nada de extraño querer a alguien, no hicimos nada malo, solo nos dimos un beso—. Su voz temblaba ligeramente y las lágrimas se aglomeran en sus tristes ojos azules. — ¿Solo un beso? ¿Te parece que eso esta bien? —Dejó escapar una risa irónica al momento que acertaba el primer golpe en las piernas del niño. Valentín, chilló ante el brusco impacto del cinturón contra la piel de su muslo izquierdo. Su piel escosía a tal punto que le resultaba insoportable. Quiso suplicar que se detuviera, pero, antes de pronunciar palabra alguna, la hebilla del cinturón impactó con fuerza contra su escuálido pecho. Fue tal la magnitud del golpe, que sus pies trastavillaron con torpeza, cayendo de espalda contra la tupida alfombra. Perdió la cuenta de los golpes que recibió, solo cubría su rostro para evitar que el hombre golpeara su cara. Una vez se detuvo, no contó con las fuerzas necesarias para ponerse de pie. Su padre, al ver que no se movía optó por llamar a su madre. La mujer, pese al inmenso dolor que sintió al ver a su hijo en ese estado, obedeció sin chistar la orden de su esposo. Tomó Al pequeño entre sus brazos y lo cargo con suma delicadeza, llevándolo a la habitación. —Mira, pendejo, no te voy a quitar mucho tiempo—, dijo de pronto el hombre cuando entró a la habitación—. Tus gustos están torcidos, sos una aberración de la naturaleza y ya me cansé de eso—. Señaló al chico con su índice, hacía un esfuerzo sobre humano por contener la ira que en ese momento corroe sus entrañas—. Solo te voy a pedir que tus mierdas las hagas de manera discreta, no manches el nombre de esta familia. Si vas a coger con esa cosa, que sea sin que nadie se entere, primera y última vez que te ayudo con algo relacionado a él—. Sentenció tajante. —Está bien, papá —. Masculló con voz temblorosa. —Ahora salí de mi oficina, tu asquerosa presencia me repugna—. El hombre se sentó en su cómoda silla, de cuero n***o, y comenzó a firmar algunos papeles que se encontraban sobre el escritorio. Valentín, salió lo más rápido que sus temblorosas piernas se lo permitieron. No es que fuera masoquista, pero, la extraña actitud de su padre no le daba buena espina. Se quedó un rato tras la puerta, alertando sus sentidos al oír al hombre hablar por teléfono. De todo lo que él alfa mayor dijo, solo una cosa llamó su atención. —n***o, hay un pibe al que tenes que boletearte. Tenes que hacerlo esta misma noche su es preciso, en unos minutos te mando los datos. Se discreto y si vez a mi hijo con la víctima lo noqueas para que no joda—. Valentín, no pudo seguir escuchando, retrocedió lentamente mientras pensaba que hacer para salvar a Manuel. Necesitaba hacer algo, idear un plan lo suficientemente efectivo, de lo contrario, una vez más, su padre le quitaría a quien amaba. No tuvo el valor de salvar a su madre, pero esta vez, no permitiría que lastimen a Manuel. Haría lo que fuese necesario para mantenerlo con vida y oculto de su padre, aunque tuviese que arriesgar su propia vida...
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