—Siempre te pasa igual —le dijo Mipam con una burlona sonrisa entre los labios—, eres de naturaleza exquisita. —Calla, no digas nada. Hubiese preferido no comer, al menos antes solo tenía hambre. Y no, no es que sea de naturaleza delicada, es el mal del monje. Esto es lo que nos pasa por alimentarnos así. Pero, bueno, no te preocupes, son solo unos minutos, luego me recompongo y ya está. ¡Oh, no, no, otra vez! Ahora vuelvo. Una hora pasó Tenzin en el interior de la letrina sin poder salir, pues cuando se creía recompuesto se rompía de nuevo, y una vez roto, los dolores y mareos le dejaban exhausto y aturdido sin que él pudiera hacer nada por sobreponerse a la adversidad. Después de ese rato de agonía, sus tripas emitieron un grito gutural y Tenzin se tranquilizó, era el fin, se había aca

