Era una noche muy oscura y había un manto de nieve que cubría las calles silenciosas. Un coche de policía patrullaba lentamente, sus faros cortando a través de la neblina invernal, cuando algo inusual captó la atención de los oficiales. Al lado de la acera, apenas visible bajo la tenue luz de la calle, yacía un bulto solitario. Les resultó extraño aquello allí, sobre todo por la forma que tenía. El coche se detuvo, y uno de los oficiales bajó, encendiendo su linterna y dirigiéndola hacia la figura. La luz reveló el cuerpo de una mujer, tendida e inmóvil sobre la nieve. Su cabello rubio, esparcido alrededor de su rostro, era lo único que destacaba en la oscuridad. Llevaba varias capas de ropa, una señal de su intento por mantenerse caliente, y a su lado, un bolso desgastado repleto de pert

