Él sabía que era el momento ideal para besarme, y me besó. Yo me di cuenta de que había alzado el rostro para que me besara antes de que él agachara la cabeza. Lo cual no le detuvo. Sentí una inmensa dicha al claudicar ante él. Le rodeé los hombros con un brazo. Al cabo de unos momentos, Marius se apartó y yo me puse a escribir una frase tras otra, describiendo lo que he explicado antes. Escribí sobre la batalla que se libraba en mi interior entre lo carnal y lo ascético; escribí que mi alma rusa pretendía alcanzar el grado más sublime de exaltación. Lo había hallado al pintar el icono, el cual, debido a su belleza, había satisfecho mi necesidad de lo sensual. Mientras escribía, comprendí por primera vez que el antiguo estilo ruso, el antiguo estilo bizantino, encarnaba una luc

