La luz que entra por mi ventana me despierta, al colocar los pies en el suelo me reciben los pétalos, no ha sido un sueño, me casaré con Alexandro y estaremos juntos para siempre, pero mi vista no le encuentra aquí, me coloco una bata rápidamente, corro al baño y tampoco está, me temo que se ha ido y no se ha despedido de mí. Algo dentro me duele, como si un nudo en el corazón me apretara, así que decido respirar y pasar a la cocina por una taza de té. Camino con la vista en el piso, no he levantado la mirada cuando escucho una voz. —Estoy preparando el desayuno, mi reina —respiro de alivio, aún sigue aquí. —¿Desayuno? ¿En serio quieres que suspire por ti? —Que respires, suspires, me pienses ¡Si! Todo eso quiero —me da un beso en la mejilla. —Cuéntenlo todo —llega Betty a la cocina.

