Mi cabeza gira ante su acusación. —Oh por favor. No fue un truco. Estoy seguro de que te has follado a muchas vírgenes. Sólo que a diferencia de mí, ellos obtuvieron la experiencia completa . —Estás equivocado—, gruñe. —No me he follado a ninguno —. Parpadeo sorprendida. —¿Qué?— —Las vírgenes complican la mierda—. Un feo resoplido lo abandona. —Las chicas se vuelven bastante pegajosas después del sexo, y lo último que quiero es agravar esa mierda reventando la cereza de alguien—. La emoción atraviesa mi pecho y la necesidad de protegerme corre desenfrenadamente por todo mí. —Supongo que fue bueno que nos interrumpieran, ¿eh?— Alcanzo la manija de la puerta, pero su mano se aferra a mi rodilla. —No estoy buscando lastimarte—. —Divertido. Porque acabas de hacerlo—. —Maldita sea—, esp

