Tan pronto como mi conversación con Alessandro terminó marqué el número de la tía Jasmine sin revisar la diferencia de horario. Tardó un poco, pero contestó. —¿Lina? A diferencia de todos aquí, Jasmine y Michael me dicen Lina. La verdad, mi nombre resulta ser bastante versátil. Su voz estaba un poco ronca y apagada, fuera de su tono chillón y emocionado habitual. —Son las doce—gimió. —Lo siento tía, no me fijé. Escuché el leve sonido de la puerta cerrarse. —Qué más da. ¿Pasó algo? Nunca me llamas a estas horas. En realidad, tenemos mucho tiempo sin hablar. Me mordí el labio inferior a espera de mi valentía o de que me quedara milagrosamente sin señal para no tener que decirle lo que me pasa a mi tía. —¿Lina? Tragué saliva. —Me gusta alguien, tía. Jasmine no dijo nada dura

