Maratón 3/3 Su auto olía a él, a chocolate, pero hoy había algo nuevo en su olor, ¿canela? Y todo dentro del auto era tan limpio, como si el auto fuera nuevo. De repente me sentí abrumada por tantos lujos, porque, aunque Alessandro no lo intentara hacer notar, todo el mundo podía darse cuenta de la clase de vida que vive. Algo que se merecía si había trabajado tanto por eso. Es por lo que me pregunté si yo debía estar disfrutando de esto. —¿Cómo estás, Madeline? —me preguntó cuando arrancó el auto. —Bien… ¿y tú? No podía creer que teníamos tanto tiempo sin hablar en persona y ahora estábamos hablando como si fuera una conversación por w******p. —Bien, ahora que llegó jueves y puedo verte. Miré sus manos, aferradas al volante. Tenía un reloj diferente del que usó la última vez, cre

