—¡Hey, guapa! —dice Patrik, cuando me siento a su lado una vez más—. ¿Todo bien? —pregunta y asiento. —Sí, era mi hija —respondo—. Me ha dado autorización para que me quede otro ratito —digo burlesca, haciéndolo reír. —Genial —contesta—. ¿Salud por eso? —Veo que hay un coctel diferente frente a mí y me quedo mirando a Patrik. —¿Y esto? —pregunto. —Sexo en la playa —Me guiña un ojo y bebe del suyo, que se ve igual al mío—. Prueba… te va a gustar —Me acerca el vaso para que tome de la pajilla. Con temor pruebo un poco del extraño coctel azul, y los ojos se me abren del asombro, al sentir lo rico y dulce que es. —Mmm… qué rico es —respondo y Patrik se ríe, pícaro. —Ahora sabes porqué, se llama “sexo en la playa” —bromea, por lo que le doy un suave empujón que lo hace estallar en risas.

