No, se dijo a sí misma, no había quedado embarazada ni una vez en ocho años, y Parker había hecho el nudo cada vez que estaba en celo. No podía ser, pensó, no podía escuchar ni sentir nada más que esa sensación de calambres y su constante frotar de su vientre era indicativa del rápido crecimiento de un cachorro. ‘Freya, ¿estamos criando un cachorro?’ le preguntó a su loba. Hubo silencio durante un largo momento tranquilo y luego un resoplido de molestia salió de su bestia ‘Sí, lo estás.’ Gruñó de manera enojada. —Bueno, eso es genial ahora —murmuró para sí misma y estaba haciendo los cálculos en su cabeza al instante. Habían pasado tres días desde que se fue, él había estado ausente durante cuatro días antes de eso, había estado en celo tres días antes de que él se fuera. Si era por el

