Capítulo 11 Quince sombras se arrastraban por el suelo arenoso en medio de la oscuridad total que precedía al despuntar del alba. Llevaban en alto los objetos metálicos para evitar que su roce contra piedras del suelo produjeran ruidos que pudieran alertar a los sitiados de su presencia. El avance era necesariamente lento pero tampoco tenían apuro pues no podían atacar en lo más profundo de la noche a riesgo de herir a sus propios compañeros. Se comunicaban entre sí por ligerísimos silbidos que apenas viajaban unos 3 o 4 metros antes de extinguirse. Avanzaban en un ancho frente que rodeaba completamente el peñasco y su progreso estaba coordinado para que todos se hallasen a la misma distancia en cada momento. Seguían reptando en el mayor silencio en un ataque que sin duda habían llevado a

