Capítulo 2
Estaba regresando de su visita a The Cloisters y en el largo viaje con autobús meditaba sobre la primera semana transcurrida desde su llegada a Nueva York. Se había mantenido fiel a su intención declarada de conocer los sitios notables que no había visitado en su anterior estadía en la ciudad con sus padres. Al día siguiente tenía pensado visitar el Ground Zero y las notables construcciones que se habían levantado en torno al emblemático lugar.
Pero no eran pensamientos turísticos los que le rondaban su mente en los últimos dos días. Una vez que su afán juvenil de conocer había tenido un comienzo de satisfacción volvía a primer plano el compromiso que había adquirido con su pariente y que justificaba, al menos en lo formal, la hospitalidad que Dennis le brindaba admitiéndolo en su casa. Dicho compromiso, aunque nunca expresado explícitamente, consistía en ayudar al anfitrión en sus trabajos y estudios. Sin embargo, en ese momento Martín debía admitirse a sí mismo que no tenía idea sobre qué consistían esas labores. Mientras iba abstraído mirando la sucesión de paisajes urbanos a través de la ventanilla del bus el joven tomó la determinación de abordar directamente el tema con su primo lejano pues ya sabía que Dennis nunca le reclamaría ayuda a cambio del hospedaje.
En ese momento el vehículo hizo una de sus paradas y ascendió una muchacha negra de facciones muy agraciadas y un cuerpo de curvas espectaculares; los ojos del muchacho no pudieron despegarse de su trasero hasta que de pronto se cruzaron con los de una anciana, también negra, que lo miraba con un aire que Martín interpretó de reproche. Sus pensamientos cambiaron rápidamente y recordó que esa noche estaba invitado a cenar con Dennis y Deborah en el apartamento de la mujer, y que a la reunión iba a concurrir Selma, a la que aún no conocía pero sobre quien su pariente le había comunicado mediante guiños y sonrisas que compartía la belleza de su hermana. Esta reunión había generado expectativa en el muchacho, que ya llevaba sólo un cierto tiempo.
-¿Estás listo? Debemos salir ya para llegar a las siete.- La voz de Dennis le llegó desde la sala.
-Ya voy.- El muchacho se apresuró a terminar su tarea; Dennis le había prestado una plancha eléctrica y había sacado su mejor camisa de la maleta donde se encontraba hasta ese momento y la estaba planchando sobre la cama. La levantó y juzgó el aspecto general de la prenda, que le pareció satisfactorio de modo que procedió a ponérsela de inmediato.
-Ya estoy.- Dijo entrando en las sala mientras se ponía la chaqueta.
-Vamos entonces.-Dennis abrió la puerta del apartamento y ambos salieron prestamente.
El edificio donde vivía Deborah era elegante y todo en él respiraba un aire de categoría, reforzado al entrar en un vestíbulo lujoso una vez que la mujer les abrió la puerta en forma remota.
Debbie lucía resplandeciente como siempre, hecho que tenía intrigado a Martín, que a pesar de ser un joven atractivo apenas conseguía tener un aspecto presentable. Al entrar en el apartamento, el muchacho pudo apreciar que estaba amoblado y decorado en forma sumamente sobria, a pesar de disponer de todas las comodidades. El aspecto despojado era logrado evitando la acumulación de objetos innecesarios que toda casa termina juntando. La pintura del interior y los cortinados lograban mantener una luminosidad que estaba acorde con el impacto minimalista que causaba.
En ese momento una muchacha surgió de lo que evidentemente era la puerta de una de las habitaciones interiores. También rubia y de ojos claros, de contextura más bien delgada y sus rasgos denotaban a las claras el parentesco con Deborah. Como solía ocurrirle con lo relacionado con esta última Martín se sintió impactado por la joven y momentáneamente sintió que se le trababa la lengua. Como ya había ocurrido anteriormente, Debbie salió en su auxilio.
-Martín, esta belleza es mi hermana Selma. Según mi padre el diamante de la familia, lo que dicho sea de paso, me hace sentir celosa.- El tono era sin embargo jocoso.
Una vez más el muchacho no sabía cómo proceder, lo que fue salvado esta vez por la misma Selma que le extendió la mano.
-Debbie me dice que ustedes se besan en la mejilla en el mismo momento en que se conocen.- Dijo en tono inquisitivo.- ¿Lo consideran higiénico?
-Bue...bueno, yo...no sé, es la costumbre.
Una vez más Debbie salvó a su huésped de su desconcierto. Prorrumpió en una sonora carcajada.
-Bien Martín, debes saber que mi hermana es así de frontal y que suele proceder de esa manera para dejar descolocados a todos los muchachos...particularmente a aquellos que le gustan.
Esta vez fue el turno de Selma de ruborizarse mientras exclamaba.
-¡Oh Debbie! Me pregunto si eres mi hermana o mi enemiga. Con que derecho interpretas mis acciones a tu manera.-Sin embargo no pudo evitar que su tono sonase a falsamente ofendido.
Debbie sirvió los postres luego de un menú formado por platos cocinados por ella misma junto con otros comprados en algún delivery pero que formaban un conjunto homogéneo. La charla había estado referida a temas circunstanciales como el mismo menú o las cercanías de apartamento de la mujer. En el momento del café Selma, que había aportado relativamente poco al diálogo movió su silla hacia atrás como para ganar algo de perspectiva desde ella, enfocó sus ojos en Martín y preguntó.
-La novedad de esta noche la constituyes tú.- El tono era decidido y un tanto inquisitivo pero cordial. Sin embargo encendió algunas alarmas en el muchacho que hasta ese momento estaba en una zona de confort con la charla intrascendental.
-Cuéntanos algo sobre ti.- Prosiguió la joven.
- ¿Algo como qué?- ¿Qué quisieran saber?
- En realidad aún siendo parientes yo tampoco sé mucho sobre ti.- Agregó inesperadamente Dennis,- Me uno al pedido de Selma.- Dinos algo de Buenos Aires, de tu familia, de tus estudios, tus amigos.
Fue el turno de Martín de apartar su silla de la mesa y reflexionar sobre lo que iba a decir.
-Bien, espero que mi pobre inglés no me traicione...
-Tu inglés es mejor que el de muchos neoyorquinos.- El tono de Debbie era estimulante a la vez que demostraba que también ella tenía curiosidad sobre su invitado.
- Quien vino a Argentina fue mi bisabuelo Paolo Colombo... -El muchacho se oyó hablando con una seguridad insospechada un minuto antes.-... quien se terminó casando con la hija de un inmigrante vasco...
La exposición duró unos diez minutos sin interrupciones de los otros comensales.
-...y supongo que a mi regreso al país comenzaré trabajar con mi hermano Román en su pequeña empresa.
-De modo que este viaje es una especie de transición antes de ser iniciado en el mundo de los adultos.- Concluyó Debbie.
-Un siglo atrás los jóvenes de clase media alta anhelaban con un viaje a las junglas de África antes de entrar en un emprendimiento familiar.- Prosiguió reflexivamente la dueña de casa.- Hoy tú has elegido la jungla de Nueva York para calmar tu sed de aventuras. Dime, ¿que ha guiado tu elección? ¿Porqué Nueva York?
- Bien...supongo que tener un pariente, aunque lejano como Dennis, tuvo alguna influencia en la elección.
La voz y el tono de Selma sorprendieron a todos.
-Al margen del sitio escogido has tomado una decisión que exige al menos algo de coraje. ¡Te envidio! Es más de lo que yo he hecho, aunque tengo tu misma edad.
-Esa declaración es sorprendente para mí que te veo casi a diario.- Exclamó con sinceridad Debbie. ¿De modo que también tú tienes sed de aventuras?
-¿Y qué hay con ello? ¿Crees que no debiera?- Selma se oía un poco enojada.- ¿Porque, por mi sexo?
-No, no, no.- Atajó la hermana.- No me malinterpretes. Me encanta que tengas proyectos propios y aun ocultos. Es sólo que no tenía idea de ellos.
-¡Bah! Desvaríos de jóvenes burguesas que tienen sus problemas económicos resueltos desde la cuna. Si tuvieras que ganarte la vida tendrías otros deseos escondidos. -El tono de Dennis era realista, sin rencores.
-¡Oh! Ya cállate, proletario.- Exclamó Debbie que se hallaba sentada al lado de su novio, dándole un empellón tras lo cual ambos prorrumpieron en carcajadas.- Luego se volvió a su hermana y le dijo en tono tierno.
-Quiero que me cuentes más de esas ansias insatisfechas. Como tu hermana mayor tengo no el derecho sino el deber de conocerlas.
-No puedo ser más precisa, no sé cómo definir este...ansia. Simplemente he jugado siempre el rol de niña rica...
-Hay roles peores.-Acotó Dennis con su habitual ironía.
-...y quisiera experimentar algo distinto.
-¿Y estarías dispuesta a asumir algunos riesgos?- Preguntó súbitamente seria su hermana.
-Sí, claro.
Imprevistamente Debbie y Dennis se intercambiaron miradas, las que no escaparon al escrutinio de Martín que seguía la escena sin pronunciar palabra. Un momento de un silencio denso siguió a ese diálogo. Deborah realizó una casi imperceptible señal de asentimiento con su cabeza a su novio, la que también fue interceptada por el argentino. Imprevistamente Dennis se puso de pie con el gesto de un hombre que ha tomado una decisión. Su cara había abandonado el gesto divertido que usualmente lucía y aparecía seria.
-Bien, ya antes Martín me había anticipado que quiere colaborar conmigo en mi...en nuestro trabajo.- Dijo señalando con la cabeza a Debbie, quien volvió a asentir.- Y ahora tú Selma deseas sacudir tu modorra y aceptar riesgos.
Hizo un silencio que duró unos instantes y luego prosiguió.
-Daremos curso a esas inquietudes.- Nueva mirada a Deborah.- Para ello nos reuniremos pasado mañana sábado en mi apartamento. Para entonces Debbie y yo tendremos preparada una propuesta. ¿Está bien a las 10 de la mañana?