"¿Y eso en qué te convierte, eh?", sonrió Tony. "Una esposa infiel", confesó Louise. —Una puta infiel. Dilo —exigió Tony. Las crudas palabras la hicieron estremecer, pero también latir. "Soy una puta infiel", admitió. —Buena chica. Aquí tienes tu recompensa —dijo Tony, soltándole la frente. De inmediato, Louise bajó la boca hacia el gran gigante que la había profanado y atormentado durante las últimas semanas. Tony se recostó con una sonrisa, permitiendo que las ansiosas fauces y la boca de Louise lo adoraran como el joven semental que era. Los suaves labios rodearon la cabeza abultada. Las cálidas y húmedas sensaciones que inundaron su gruesa punta hicieron gemir al semental. "Joder, Sra. Banks. Te ves increíble recibiendo esa polla". Con los ojos cerrados, Louise se balanceaba con

