"Sigue así", le dijo Tony, empujándola boca abajo para meterle la mayor cantidad posible de su polla en la boca. "Joder, sí... qué buenorra. Te ves bien, nena. Ya casi tienes la mitad de mi polla en la garganta", rió, moviendo su cara arriba y abajo, deslizando su polla aún más abajo. Lo intentaría, pero era demasiado grueso para ella. Su grosor le separaba los labios y tenía que abrir la mandíbula para que cupiera. Ninguna determinación podría reducir su tamaño ni alterar las leyes de la física. Cuando la cabeza llegó a la parte superior de su garganta, le provocó arcadas. Con cada embestida, se le cerraba la garganta y los músculos se contraían a su alrededor, provocando fuertes gorgoteos y toses. Pero con otra mano, Tony la obligó a bajar la cara, sin importarle que le entraran ganas

