Louise miró hacia la casa y se arrodilló lentamente. Sus ojos estaban fijos en la tienda de campaña que llevaba en los pantalones. Sus manos se movieron para desabrocharle el cinturón y bajarle la cremallera. Louise se lamió distraídamente los labios al ver su grueso trozo de carne, brillando bajo su ropa interior sudada y apestosa. Siempre le sorprendía lo increíblemente excitada que se ponía al ver la monstruosa polla de Tony. Aunque le estaría haciendo un favor, parecía un trato justo, como si Louise hubiera sacado algo a cambio. Ya palpitaba solo de pensar en su enorme polla en la boca. ¿Cómo había intentado siquiera negárselo? Semejante idiota requería la máxima atención. Louise le subió los calzoncillos y los pantalones hasta las rodillas, emitiendo un pequeño zumbido de satisfacció

