Cuando Arion procesó lo ocurrido, salió corriendo tras de Némesis para hablar con ella sobre lo que acaba de descubrir. La alcanzó y la tomó del brazo, impidiéndole seguir adelante. Ella se detuvo y lo miró con una expresión de temor, el corazón del hombre saltó en su pecho de alegría al posarse de nuevo en el rostro de la mujer. —¿Qué te pasa? —le pregunta Némesis—. ¿Por qué estás actuando de este modo? Arion la mira fijamente a los ojos y le respondió: —Te he descubierto, Némesis. ¡Sé que eres Maya! No sé cómo dejé convencerme de que no eres, pero claro que eres ella, tus gestos, tus expresiones, la caída de la comisura de tus labios cuando estás enfadada. Ella lo vio y lo miró de manera desafiante. —¿Quieres apaciguar el tormento de tu conciencia? ¿Qué le harías a esa pobre mujer

