Alessio:
El cansancio emocional existe de forma diferente, unos ayudan a relajarse con fiestas y estupefacientes y yo, en mi caso, era sentarme frente al balcón de la mansión y contemplar mis viñedos, esa gran extensión de tierra que me daba la oportunidad de expandirme a nivel mundial, una tierra bendita donde se cosechaban las mejores uvas y producir un delicioso vino de magna exportación, teniendo el privilegio de estar aquí, hoy por hoy, cosechando los frutos de mi trabajo.
Hoy, era uno de esos días en los que llegaba a la oficina sin ganas de nada, la abuela me había apoyado en la decisión de no casarme con Eleonora, seguir mi camino a cómo iba y que pronto llegaría la mujer que me hiciera feliz, sin ataduras y cuando yo quisiera casarme ella me aceptaría tal como soy. Leonora se había enterado de que ya estaba de regreso en Italia, lo que aquí corría, volaba, ese día me entere que mi fiel asistente estaba embarazada y que merecía disfrutar de su licencia de maternidad, se la otorgue y ella quedo en enviar un clasificado a la prensa solicitando a una nueva asistente; tranquilo no me quedaría, pero debía darle la oportunidad a alguien más.
Leonora me abrazo y me dio un beso estruendoso, cosa que yo odiaba que hiciera ya que me dejaba todo el labial marcado en la mejilla o en la boca y era demasiado difícil de borrar.
–¿Por qué no me avisaste que llegaste ayer?
–Porque no quería verte, eso es todo.
–Espera… ¿no querías verme?
Solté un suspiro largo, con pesadez ya que sabía lo que se me avecinaba, ella era una malcriada caprichosa y que todo lo que ella quería debía hacerse, ya no me importaba que su padre fuera socio de mi padre muchísimos años atrás, mi abuela tenía razón en todo y la verdad, merecía ser libre y estar pleno.
–Si, eso he dicho, Leonora. Ya no me casare contigo, lamento haber tardado tanto tiempo en decirlo, pero no te amo… ya no más.
Ella tomo aire, miraba para todos lados y sabía que estaba buscando con que estallar, había aprendido a conocerla tan bien que, abrí como pude la puerta para hacerla irse por las buenas.
–El anillo puedes quedártelo, y si necesitas quien te lleve a casa, ahora mismo le digo a Luciano que te lleve.
Ella camino directo a la puerta, Mirella solo veía de reojo y temiendo la reacción de Leonora, ya ella sabía como actuaba cada que la rechazaba o por cosas mínimas, obviamente esta no sería la excepción.
–¡eres un malnacido! –exclamo, dándose la vuelta y mostrándome las lágrimas de sus ojos, unas que caían a destiempo y sin control alguno.
–Perdóname, solamente sé que no quiero un matrimonio amargo, te estoy liberando, tómalo como un favor enorme.
–Tu eres mi felicidad, lo sabes Alessio, sabes que le he dedicado años a lo nuestro, eres el hombre de mis sueños.
Tome aire y poco a poco le extendí el brazo en señal cortes para que saliera de mi oficina, ella hizo como que se iba y yo iba a cerrar la puerta, pero lo primero que hizo fue tomar el florero que adornaba el escritorio de Mirella, estrellándolo en la pared de enfrente, golpeando a Paolo, uno de los chicos del aseo.
–¡eres un grandioso hijo de puta! Te entregue todo de mí y mira como me pagas, ¡vete al carajo! –todos se asustaron, Mirella llamo a la seguridad del edificio y yo trate de controlarla, pero ella estaba fúrica, mostrando su verdadera faceta de inmadurez.
–Verás que un día te vas a enamorar, así como yo lo hice de ti, y, te romperán el corazón. ¡YO ME ENCARGARE DE HACERTE INFELIZ! –grito, mientras los de seguridad la llevaban casi cargándola hacia el parqueadero donde seguramente había dejado el auto.
Le pedí disculpas a Mirella, lamentando lo que le había pasado a su florero, me sentía apenado, era un recuerdo de su madre quien había fallecido hace unos años atrás.
–No se preocupe, señor Benedetto, lo que me alegra es que se haya liberado de esa mujer, que este show que hizo fue solo eso… sabrá toda la empresa que lo único por lo que insistía en ese matrimonio era quedarse con su empresa y vivir como una arpía con dinero.
Que Mirella dijera eso me había terminado de confirmar las sospechas de mi abuela que me advirtió por más de un año que ella no era buena para mí.
(***)
Hoy había ya superado ese tramo, se había llegado ya el tiempo en que Mirella debía de irse; y aun no habíamos encontrado una asistente al nivel de ella, eficiente, bonita y bondadosa.
–Mañana tendremos las últimas entrevistas de trabajo, necesitamos que alguien se quede ya atendiendo las gestiones que ya vienen desde Chile, lamento no poder sostenerme más tiempo.
–No te preocupes Mirella, necesitas descansar y darle lo mejor a ese bebé.
Esa mañana todo transcurría normal, hasta me parecía extraño sabiendo de cómo era que Leonora reaccionaba y no había actuado, pero supuse que, ya había hecho demasiado antes de dejarnos y que tal vez la mujer ya había cambiado ciertas actitudes, quise darle el beneficio de la duda, sin poner más atención en lo malo que pudiera pasar.
Así pasaron los días, y por fin iba a descansar de esa mujer, hasta que había salido la primera reunión importante en Le Calendre, uno de los restaurantes mas prestigiosos de toda Italia. con mi chofer, tomamos camino hacia el lugar para apresurarnos, pero en una de las calles mas transcurridas de toda Italia, ella apareció, si, la misma pelinegra preciosa que el destino se había empeñado en presentarme ya con esta dos veces, dejándome con el alma ansiosa.
Torpe como en esas ocasiones, pero lo único que cambiaba era que mi chofer se había parado, porque si no, por poco la matamos.
Solamente había visto como Lucio se sulfuraba, así que debí salir del auto para apaciguar el momento.
–ahora todo depende de ti, ¿o te disculpas por interrumpir mi camino y hacer a que llegue tarde, o me pagas el dinero que he perdido en esta inversión y te dejo libre?
Ella solo me vio, de una manera única y maravillosa, pero no para enternecerme.
–Qué bueno que admites que eres una tonta, ahora, quítate del camino que ya es tarde para mí, y, mi tiempo vale oro– exprese con desdén, obligándome a no seducirla en el arranque.
Ella me contemplo de una manera única y, aunque quisiera saber su nombre, no caería en mis deseos, se hizo a un lado y procedí a subirme al auto, Lucio se le quedo viendo con rabia y se subió, arrancando hacia el restaurante con quince minutos de atraso.
(***)
–Alessio, hablemos, por favor. Prometo que esta vez me comportare mejor, solo dame una oportunidad.
Si, era Leonora hostigándome por el celular, por este tipo de cosas me quería deshacer de la tecnología y también, querer cancelar uno de mis negocios con un japonés extrovertido que había vivido aquí por un tiempo con su bella esposa de origen ítalo-madrileño.
–Leonora, en serio ¡Ya basta! No somos para estar juntos, solo… deja de molestarme, hoy ha sido un día pesado.
Colgué la llamada y es que si, había sido un día pesado y mas para mi cabeza que seguía pensando en esa hermosa y torpe mujer.