Clara. Escuché a mis padres hablar de conexión, de amor. Escuché a mi abuela dialogar de aquello con tanta pasión que soñé algún día llegar a sentir lo mismo, tener una historia como la suya. Después conocí a los hombres y supe que aquello que ellos habían vivido ya no existía, esos hombres de buenos modales, de palabra, ya no están entre nosotros, correspondían a una generación vieja, una donde personas como mi padre, Nathan y George comprendieron, esos hombres que nos marcaron un modelo de ser humano extremadamente perfecto. Uno inexistente. Uno caducado. Me había rendido ante ese cuento de hadas, dejado que se esfume de mi vida y puestos nuevas metas, por ejemplo, ser la mejor diseñadora de modas. Seguí conociendo personas, no es cómo si me quedara en mi casa a practicar el celi

