Delilah no podía dejar de pensar en por qué Mirkov, su jefe, no había aparecido hasta ese día por la empresa, puesto que tenían trabajo qué hacer y todo lo estaba llevando ella, se sentía preocupada en gran medida, teniendo en cuenta que el pelinegro no era una persona que soliera faltar al trabajo, en realidad era muy responsable, y si faltaba lo hacía notificar con antelación para que ella estuviera atenta. Luego de almorzar en la residencia de la señora Mireia, la madre de Mirkov, la asistente personal se fue hecha un manojo de nervios, aunque no se lo haría saber a las personas allí presentes. La comida estuvo muy buena, como siempre, por lo que no podría quejarse, aparte de que le cuidarían al niño varios días, ese ya era el premio mayor. Dirigió sus pasos hasta el transporte de la

