Ashley empezó a correr en la nada dentro de sus visiones, la neblina, la fuerte brisa y la determinante voz que la largaba la acosaban. Pero decía audiblemente… ¡Piedras marcadas, huellas de lobos! ¡Piedras marcadas, huellas de lobos! Otra voz aparecía de lejos, era una conocida. Ashley se detuvo, recordó que estaba en trance, que no era su hogar, que buscaba una manada. Empezó a respirar profundamente y concentrarse en la otra voz que la llamaba: —¡Ashley regresa, despierta! ¡Vamos Ashley, puedes hacerlo, regresa. Lizzie no sabía si tocarla, echarle agua, o darle un par de bofetadas. Temía hacerle daño a personas que entraban en trance. Solo la llamaba, al ver como Ashley se movía extrañamente, emitía unos extraños gemidos y decía algo de piedras y huellas. La mujer posó su man

