Linda se levantó en medio de la noche, toda sudada. Había tenido otro maldito sueño con ese inmundo peón, solo que esa vez se había quedado caliente, muy muy caliente. La tela de su delgado camisón se pegaba a su piel al igual que su cabello y la sed quemaba su garganta. Manoteó la mesita de luz y agarró el vaso que se había llevado, pero ya se había tomado toda el agua. CARAJO, pensó. Podría tomar agua del grifo del baño, pero el fuego que le nacía desde adentro pedía agua helada para su aliviar el calor de su cuerpo. Casi como si estuviese a punto de cometer algún tipo de crimen se asomó por la puerta. No había moros en la costa, la puerta de Mike parecía cerrada. Esa noche habían cenado de manera pacífica, al menos...y luego no pasó nada más. Era como si él esperara el próximo m

