Cuando Mike volvió de la cocina llevo dos vasos con líquido, una para su esposa y otro para la decoradora, que lo observó agachando su mirada mientras Linda parecía como el gato que se comió la crema. — Bueno señora Falcone, haré una propuesta nueva y la presentaré cuando esté lista...me voy, ya sé por dónde queda la salida, muchas gracias...— dijo y dejó el vaso en el escritorio saludando a Mike al pasar en una actitud para nada provocadora, muy diferente a la anterior. Cuando Linda se aseguró que la mujer se había ido y estaba lejos del alcance de su oído, encaró a su marido. Dejó el vaso en el escritorio también porque tenía ganas de tirárselo por la cabeza y no quería ceder a la tentación, a fin de cuentas, era el padre de sus hijos. — ¿Se puede saber en qué carajos estabas pen

