Destino cruel: Segunda Parte

3390 Words
Ya hace algún tiempo que las cartas habían dejado de llegar a la casa del señor Right, mientras este se mantenía resguardado en su alcoba frente a una pared llena de artículos, retazos y miles de anotaciones que él había entrelazado a lo largo de los años, en el centro reposaba la imagen de la que en algún tiempo atrás lo llamó padre y el cruelmente había negado por culpa de su esposo, renegaba como la pequeña que tanto amó desapareció de la nada y no pudo hacer algo que lo impidiese, pero junto a su fotografía también se encontraba la imagen de su hijo al que lleno de rabia alguna vez deformó la foto para dejar sin identidad su retrato, lleno de culpa rozó las magulladuras que había hecho mucho tiempo atrás al único recuerdo de su hijo mientras en su otra mano sostenía la imagen de la capilla que tanto le intrigaba. El hombre tomó su chaqueta junto con una mochila con suministros y se dirigió nuevamente al lugar donde la vieja estructura se hallaba, con esta serían ya cuatro veces que intentaba adentrarse allí durante el día sin poder encontrar nada que relacionase con el origen del continente o alguna relación con Hope, miraba por los alrededores hasta ver un panteón en la parte posterior de las ruinas donde miles de flores radiaban pacíficamente bajo la luz lunar, comenzó a merodear por allí tratando de encontrar algo que llamase su atención cuando la oscuridad cubrió de nuevo el paisaje y con esto un pequeño brillo a lo lejos proveniente de una de las sepulturas, intrigado se acercó sin saber que de pronto la tierra misma lo tragaría sorpresivamente dejando de nuevo un pacífico e inquietante silencio detrás de él. Mientras tanto, la situación en Centuria comenzaba a tornarse más compleja de lo que se esperaba, Víctor estaba confuso ante la nube de emociones que lo envolvían sin dejarlo respirar ni por un segundo; en cuestión de minutos habían sido atacados por criaturas extrañas al mismo tiempo que se había separado de su compañera, observaba el firmamento esperanzado en que el frío viento aclarase su mente y así pudiese ver una solución, pero solo vio de pronto al señor Evengreen un poco tambaleante volver de la guardia con su enorme botella de vino completamente vacía para detenerse frente al corregidor durante unos segundos en lo que miró detenidamente como si cuestionará la razón por la cual se encontraba fuera de la cueva, con una ligera seña lo invitó a que ingresara de nuevo al refugio y con unas palmadas en la espalda lo consoló sin decir una sola palabra. Al entrar a la cueva, el señor del licor se topó con su querida hija envuelta en llanto en los brazos de su primogénito que al verlo solo pudo negar con su cabeza como si respondiera en silencio la razón de la situación, acompañado de un profundo suspiro; el anciano se acercó a ambos hermanos y en un ligero movimiento golpeó sus nucas dejándolos inconscientes en el acto, una vez en el suelo los acomodó para que durmieran y colocó sobre ellos una manta, de nuevo soltó un ligero suspiro acompañado de una ligera esencia al vino que estaba bebiendo y volteó a ver al corregidor quien confundido trataba de entender por qué desmayarlos de tal forma, el viejo hombre le hizo una señal con su cabeza para que Líes lo siguiera hasta uno de los túneles subterráneos de aquella caverna. Las formaciones de las paredes comenzaban a notar la mano de obra que se usó para construir recientemente aquel enorme túnel en el que transitaban, como si la persona que lo hizo los condujera por donde él alguna vez se abrió paso, durante el trayecto ninguno de los dos decía una sola palabra hasta que de pronto se toparon con una enorme puerta de madera asegurada con un grueso madero que el señor del licor abrió como si nada, dentro del lugar había lo que parecía ser un almacén repleto de barriles de vino que el señor Evengreen aprovechó para abrir uno de los tantos para luego llenar dos vasos de madera y compartírselo a su acompañante. — Bébelo muchacho —estiró una de las enormes jarras de madera— No hay nada mejor que un vaso de vino para calmar un corazón afligido. — Gracias —respondió mientras aceptaba la bebida—. — Lamento el espectáculo con los muchachos –mencionó el hombre mientras bebía el vaso completo y volvía a llenarlo— aunque no lo parezca son buenos chicos, pero aún son jóvenes, se dejan llevar. — ¿Por qué los dejo inconscientes? —pausó un momento— ¡espere! ¿usted escuchó todo? sabe entonces lo que pasa con Sky. — No necesito escuchar nada para saber lo que pasa con mis hijos— continuó el hombre— Además, por ahora creo que me corresponde hablar a solas contigo –sacó de su bolsillo un pequeño frasco de cristal que contenía un líquido espeso de color rojizo—. — ¿De qué habla? Antes de que el corregidor pudiera reaccionar, este se encontraba acorralado y con el frasco del señor Evengreen vaciando su contenido en su boca, el hombre mantenía silencio mientras el joven Líes se atragantaba con aquel líquido que ahora recorría su sistema, de pronto las imágenes se volvían borrosas y los ruidos antes imperceptibles se volvían cada vez más agobiantes para el corregidor, una sed insaciable comenzó a dominar al joven que en ese momento se sintió obligado a hundir su cabeza en uno de los barriles de licor y beber cuanto pudiese, no obstante, por más que disminuía el contenido de aquel barril su sed no era satisfecha. La desesperación empezó a cobrar cada rincón de su conciencia y sus manos comenzaban a sentirse rígidas como si un material espeso dentro de su ser impidiera moverlas con libertad, entre toda aquella confusión sus pensamientos comenzaron a llenarse de voces de sus propios recuerdos, mismos que traían de vuelta la voz de Sky diciéndole sus comentarios burlones, la dulce voz de Kamil y la reciente discusión con Namir, su mente confundida provocó que destrozara el barril de vino con sus propias manos hasta que el mareo lo desplomó en el suelo mientras conseguía distinguir la voz del señor Evengreen entre tantos que escuchaba. — Muy bien, parece que aun puedes escucharme —comentó tranquilo mientras el joven se retorcía de dolor— trata de controlarte muchacho, no entres en pánico o será mucho peor —bebió un bocado de vino y soltó un eructo enorme— en cuanto recobres la consciencia podremos hablar, claro si realmente eres el último del linaje – comentó el anciano mientras tomaba otro vaso de vino—. Las imágenes comenzaron a oscurecerse para el joven Líes quien en ese momento cayó en un sueño profundo, pero dentro de su mente aquel corregidor se veía hundiendo en un oscuro pozo lleno de retratos y recuerdos antiguos tanto de su infancia como de su presente. De pronto su propio ser se encontraba vagando por escenarios que alguna vez cruzó en su camino, hasta que se topó con el camino que diariamente recorría en su vecindario hasta su trabajo, sin embargo, aquel pintoresco lugar se encontraba lleno de sangre en todo lado que resaltaba en el tono grisáceo del paisaje. La lluvia de pronto se hacía presente cayendo ligeramente y empapando los c*******s que comenzaban a aparecer en varios sitios de las calles. El escenario que se presentaba intentaba preocupar a Víctor, quien seguía lentamente el sangriento rastro hasta llegar al mismo callejón donde conoció a su compañera. Entre una espesa neblina que sorpresivamente se adueñaba del ambiente una silueta conocida salió frente al corregidor, era la joven rosa azul envuelta en sangre y con un cuchillo en sus manos dispuesta a atacar. De pronto entre una infinidad de susurros el joven reconoció una frase que le indicaba que debía morir, aquel confuso argumento llamó la atención de Víctor que en ese momento sintió una humedad en sus manos, al revisarlas se aterrorizó al notar sangre en ellas y salpicaduras en su rostro y partes de cuerpo, pero aquel horror no se comparó con la imagen que obtuvo al devolver su mirada a su compañera desplomada en el suelo en medio de un enorme charco de sangre, con los miembros carcomidos y una enorme herida en el vientre que dejaba sus entrañas al descubierto. Víctor despertó realmente impactado por el sueño que tuvo, sin embargo, al intentar levantarse unos incontenibles deseos de vomitar provocaron que el joven inmediatamente se arrodillara en el suelo, el amargor en su garganta era indescriptible pero no lo suficiente para que consiguiera calmarse y beber un vaso con vino que el señor Evengreen le ofreció, extrañamente sus sentidos se encontraban al mismo tiempo mareados y sensibles ante su alrededor, hasta que escuchó a su acompañante. Evengreen continuó su charla mientras narraba que este es el primer lugar al que le trajo Alexander luego de la muerte de su esposa, inmediatamente explicó que el primer síntoma de un infectado era el vómito después de caer desmayados, de nuevo volvió a mencionar sobre su esposa mientras sus ojos se perdían en el contenido de la jarra, nostálgico mencionaba que su esposa era la mujer más hermosa en todo el distrito rojo, hasta que el líder del lugar en aquel entonces intentó abusar de ella y terminó por matarla. — Es necesario saber si aún eres consciente de tu estado ¿Cuál es tu nombre muchacho? —preguntó el hombre mientras alistaba su hacha en caso de tener que asesinarlo—. — ¿Mi nombre? soy Víctor Líes, creí que ya lo sabía ¿Qué fue lo que me hizo? siento el cuerpo muy pesado —trataba de pronunciar el joven mientras aclaraba su garganta y se levantaba un tanto tambaleante—. — Acabo de convertirte en un infectado a propósito. Serio continuó explicando como si no fuese por Alexander, él hubiera terminado ahorcado y sus hijos huérfanos, después de todo lleno de rabia estuvo persiguiendo a todos los aliados del líder rojo hasta estar casi al punto de matarlos, finalizó su pequeña historia indicando que desde entonces se había convertido en su mano derecha y prometió cuidar de su descendencia, una vez el joven pudo incorporarse, el hombre ayudó a caminar mientras le pedía mostrarte algo. — ¿Qué quiere mostrarme? no le entiendo debería… — se quejó dolorosamente— ¿Qué? —pensó mientras abría rápidamente su camisa—. De pronto las palabras del corregidor se interrumpieron por una punzada en su cuerpo, al revisar su herida vio que esta cicatrizaba y se tornaba de un tono morado como si se tratase de un golpe de hace varios días, al mismo tiempo un tono violeta parecía invadir la herida entremezclándose con el tono de su cuerpo, impactado por lo que visualizaba dirigió su mirada a su acompañante esperando una respuesta que pudiera entender. — Así que ya comenzaste a cicatrizar tu herida — comentó en respuesta a la pregunta silenciosa del joven— me alegro por ti, las otras rosas no eran así de rápidas en curarse. — Está hablando de las otras rosas azules ¿me está diciendo que ellas estaban infectadas? y ¿Sky? Evengreen respondió que cada rosa infecta a su discípulo con una mínima cantidad del virus, de ese modo si sobrevivía se convierte en el siguiente azul y es llevado al lugar donde deberán dar su sangre como un resguardo del antídoto, sin embargo, el hombre mencionó que nunca fue el caso de Sky, de hecho, ella ni siquiera debía de haberse convertido en rosa azul después de todo ese legado le pertenecía a alguien más, con un suspiro miró al joven confundido y colocando su mano en el hombro decidió por revelar que esa era la misión de tu hermana Emilia, a la sorpresa del joven que permaneció en silencio descubrió un telón de la pared para mostrar un enorme grabado que enunciaba un árbol genealógico lleno de nombres y apellidos. — ¡Emilia! —dijo al ver el nombre de su hermana escrito en la roca— ¿todos ustedes conocieron a mi hermana? eso quiere decir ¿Qué ella no sobrevivió al virus? ¡ustedes mataron a mi hermana! —gritó el joven Lies hasta que su vista se vio borrosa de pronto—. — Cálmate primero —ayudó al joven— mantener la cabeza fría evitará que el virus infecte tu consciencia. — ¡Como pide que me calme cuando me dice que mi hermana sobrevivió al naufragio, solo para morir en sus manos! no solo eso ¡confié en Sky! Incluso llegué a… - se detuvo el corregidor para cubrir su boca con su mano—. — Llegaste a confundirla con tu hermana ¿verdad? respira, tus instintos se activan al menor de los estímulos. La verdad no te culpo ella y tu hermana eran muy parecidas casi se confundían entre sí. — ¿Cómo es que mi hermana termino en este lugar? — Alexander la rescató de aquel naufragio, aunque en realidad era solo una excusa —bebió un poco de su botella—. Para poder ser una rosa azul debes morir ante los ojos de todos, es el riesgo que se toma por cumplir el deber de proteger a la línea de sangre del supremo —señaló el grabado en la pared, de pronto dirigió su dedo hasta el final de la línea donde el nombre de Sky aparecía debajo del de Alexander—. Todo con tal de cuidar del antídoto y evitar el virus con el que estamos luchando actualmente. El silencio se apoderó dolorosamente de la mente y cuerpo del corregidor, quien en ese momento notó que al final de aquel inscrito junto al nombre de su compañera estaba el nombre de su hermana y ante su sorpresa el suyo. Un helado aire recorrió su cuerpo con gran rapidez, un impulso por acercarse y tocar esos grabados lo llevó provocando que al tocar un recuerdo que no era suyo apareciera en su mente, la ilusión de ver a su hermana y su compañera juntas grabando entre ellas la que podría ser la siguiente parte de un gran legado, entre risas y bromas como si se tratasen como hermanas. El aroma de un ligero perfume se hacía con el aire como si en los grabados de aquella pared se plasmaran los rastros de ambas jóvenes, era algo similar al dulzor de las uvas y esencia de la tierra mojada después de una ligera llovizna. Aquella fragancia comenzaba a mezclarse con un fuerte hedor a sangre lleno de una sensación salada como si alguien en llanto se encontrara grabando aquella parte. Entonces Víctor abrió los ojos y vio que aquella parte era el nombre de Emilia, dio la vuelta y preguntó al señor del licor quien había hecho aquella parte. — No creo que tenga que responder algo que tú mismo entendiste —luego agregó—Pero puedo contarte cómo fue que sucedió. — Está bien. — Para empezar y aunque ella no lo sepa, Sky es la hija biológica de Alexander, aunque este no sabía de su existencia hasta que se enteró que su prometida había muerto y la pequeña terminó vagando sin hogar —tomó un sorbo de vino y continuó— para ese entonces Emilia ya se encontraba en Centuria, así que Alexander decidió hacerse cargo de ambas, aunque las dos aprendieron a la perfección Sky no tenía la voluntad de matar personas. — Eso explica mucho de ella, pero entonces ¿Cómo terminó siendo rosa azul? — Poco antes de embarcarse hacia Astra para conocer la ubicación del antídoto, Alexander y Emilia fueron emboscados por un grupo de traidores, Sky y mis hijos fueron en su ayuda, pero cuando llegaron vieron a su maestro en el suelo sin vida —se acercó al joven corregidor y continuó—. Emilia estaba enloquecida atacando a todos a su alrededor, al parecer con el ataque no había sido capaz de soportar el virus en su cuerpo. — No puede ser posible, ¿dice que mi compañera mató a mi hermana?, ¡no había otra cosa que hacer!, lo mismo que me hizo usted ¿no había como hacer eso? Una voz apareció de la nada indicando que no había otra opción, era la voz de Kamil quien había despertado de su sueño y se acercaba lentamente con ellos. — Sky no tuvo otra opción, en lo poco que podía articular Emilia suplicó que la mataran —se acercó a tomar el rostro afligido del corregidor y agregó— Sky tuvo que sacrificar no solo la vida de Emilia por el bien de todos. — Eso no la libera de lo que hizo ¡maldita sea! — Tienes razón, no la justifica, y ella se ha culpado por eso todo este tiempo. El remordimiento y la ira confundían la cabeza del corregidor, provocando que este saliera de la cueva, una vez allí y mirando el firmamento estrellado el joven trataba de comprender la situación en la que se había hundido, pero entre sus pensamientos la incógnita que más rondaba era sobre el paradero de su compañera. Mientras tanto en lo profundo del desierto, un joven corría hasta una especie de campamento oculto entre lo profundo de una caverna subterránea, los restos asemejaban un antiguo edificio de la época dorada de la humanidad, donde miles de personas resguardaban fuerzas y otras preparaban armas para la pelea que próximamente iniciarían, aquel joven se abría paso entre la gran multitud de personas llegado al lugar de su destino, rápidamente inclinó su cabeza mientras trataba de recuperar el aliento e informaba de los acontecimientos a una figura oculta entre los velos de una enorme cama, la mujer al escuchar su llegada se levantó tranquila mientras tomaba una túnica y se cubría con ella. — Su majestad me temo informarle que los dos últimos grupos ya han sido erradicados. — Me esperaba que eso sucediera en las últimas horas, la resistencia al virus no ha llegado a aumentar— mencionó la dama misteriosa mientras miraba por una de las aberturas a sus discípulos—. — No mi alteza—pausó nervioso— me refiero a que alguien los incineró en las últimas horas. Aquella información provocó una sonrisa malévola en el rostro de la mujer mientras una ligera carcajada se dejaba escapar ante el miedo de todos en la habitación, inmediatamente pausó para acercar su rostro amenazante a la del mensajero. — A ver, dices que dos hordas de casi doscientas personas fueron eliminadas ¿en menos de cinco horas? —sonrió mientras sostenía con sus delgados dedos la mandíbula del joven— y no solo cualquier plaga si no de seres infectados que eran violentos, capaces de contagiar en cuestión de minutos a otros y que eran prácticamente resistentes ante cualquier herida. — Sé que parece imposible —trató de responder con la mandíbula aún sujeta por la dama— pero según los informantes una chica mató a la mayoría y pidió a todos los sobrevivientes quemar los cuerpos. — ¿Dijiste una chica? —soltó violentamente el rostro del hombre abalanzándolo contra el suelo— pero que interesante ¡tráemela en este instante! será divertido jugar con ella. El muchacho estaba por retirarse cuando una joven apareció alterada para informar algo insólito, de inmediato todos se dirigieron a una de las aberturas de la cueva para visualizar a lo lejos lo que estaba ocurriendo y efectivamente alguien estaba atacando sin piedad a los vigilantes del perímetro oeste, tal noticia conmocionó a todos quienes observaron mediante un telescopio a una mujer que entre jadeos continuaba su sangrienta masacre, sus ropas ya eran solo retazos de tela que cubrían algunas partes de su cuerpo lleno de tierra y en su hombro el tatuaje que la identificaba relucía en su piel sudorosa por la inclemencia del sol al igual que su cabellera mantenía una descuidada coleta alta que se balanceaba en cada ataque, la mujer al ver a la chica y llena de furia gritó a sus subordinados histérica. — ¡Capturen y traigan a esa tonta, ahora!
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