Luego de tan intrépida hazaña los tres jóvenes se dispusieron a verificar los alrededores para eliminar cualquier posible salida que permitiese un nuevo brote del virus, estaba por llegar al viñedo del señor Evengreen cuando Namir se dio cuenta de algo inusual, los viñedos que antes resplandecían con los rayos solares se estaban marchitando poco a poco y las aves se divertían con el festín de uvas que pudriéndose caían al suelo, para el joven guerrero era algo extraño que su padre no hubiera visto por el bien de su amado cultivo, por lo que enseguida presintió lo peor, dirigiéndose a toda velocidad llegó hasta los restos de la que alguna vez fue la aldea que conoció, ahora cenizas simplemente esparcidas por doquier. El cuerpo del señor Evengreen apenas se podía distinguir entre las capas

