Capitulo Cuatro.

1038 Words
Transcurrieron los días y me sirvieron para pensar bien, para planear mi siguiente paso del plan. Ignacio acostumbraba todos los fines de semana ir al club; allí era admirado por todas las mujeres, muchos fotógrafos y periodistas iban para tomarle fotos y entrevistarlo. Era día Sábado y a las 5 de la tarde Ignacio Salvatore estaría en ese club y yo no iba a perder la oportunidad de ir y encontrarme "casualmente" con él... Entré al lujoso club con mi vestido rojo ceñido al cuerpo. Las luces tenues y la música envolvente creaban un ambiente mágico. Ignacio Salvatore, el enigmático millonario, estaba en la esquina del bar, rodeado de admiradoras, tal como lo pensé. Tenía la mirada de todos puestas en mi, como si fuese una celebridad. Los hombres me comían con la mirada y pude notar la rabia en los ojos de Ignacio al ver qué todos me estaban mirando Nuestros ojos se encontraron. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Ignacio se acercó con una sonrisa cautivadora y me habló al oído -Verónica -Susurró-. pensé que nunca volvería a verte. Intenté mantener la compostura. -Ignacio, ¿qué haces aquí?. -Te he buscado durante días -Confesó él. -No puedo olvidarte.Confieso que desde que te ví aquella noche, no te he sacado de mi cabeza, eres mi única debilidad. Luché contra las emociones que me embargaban. -No podemos estar juntos, Ignacio. Entiende que entre tú y yo, no puede haber nada. Nuestros mundos son demasiado diferentes -Le respondí. Él me me tomó de la mano. -No me importa. Siento que no puedo vivir sin ti. Entiende tú, que eres lo único que pienso todos los días -Se veía tan tierno y dulce. Y en ese instante, en medio de la música y las miradas curiosas, Ignacio Salvatore me había hechizado. Fue tan caballeroso que no podía evitar derretirme... Pero no, debía mantenerme firme. -Sólo me ves como un premio más, una más del montón. Pero entiende una cosa, a mí jamás me vas a poder tener. Yo si no voy a caer en tus redes -Le hablé con energética seriedad. -Yo no te veo de esa manera, Verónica... Ya te he dicho que eres diferente a las demás. Me gustas y no descansaré hasta que me aceptes -Lo noté desesperado, sentí algo de pena por él. -Pierdes tu tú tiempo. Pero suerte en el intento, señor Salvatore -Le sonreí desafiante y me fui del lugar, caminando hacia el jardín, sabiendo que me seguiría en segundos. Caminaba a gusto por el jardín, admirando la belleza de las flores y la hermosa gran luna sobre mi. Sonreí porque a pesar de lo que hacía, me gustaba la sensibilidad de las cosas. Era una loca apasionada y todo eso que hacía con Ignacio, esa faceta, era una actuación que sabía hacerla a la perfección. ¿Estaba bien lo que hacía?. Fue una pregunta que me atormentó por mucho tiempo. Trataba de distraerme pero se me era imposible... En pocos minutos de haber dejado a Ignacio, él ya estaba ahí conmigo. Me encontró en el jardín, estábamos rodeados de flores que parecían susurrar secretos al viento. La luna brillaba con una suavidad mágica, pintando de plata las hojas y las piedras del camino. Ignacio me miró con ojos brillantes. Su corazón latía con fuerza, podía sentirlo, era como si quisiera escapar de su pecho. Y yo, con mi cabello oscuro y mi sonrisa tímida, parecía una criatura de otro mundo. —Verónica —dijo Ignacio, tomando mi mano—, hay algo que necesito decirte. Yo sólo lo miré expectante. El silencio entre nosotros era cómplice, como si el universo también esperara sus palabras. ¿Que diablos me sucedía? No podía bajar la guardia, ni dejarme llevar por mis tontos sentimientos. —Desde el momento en que te vi —continuó Ignacio—, supe que eras especial. Tu risa, tus gestos, todo en ti me atrapó. Y ahora, bajo esta luna, no puedo contenerlo más. Verónica, estoy enamorado de ti. No podía creer lo que oía, sólo parpadee sorprendida.Mis labios temblaron antes de formar una sonrisa que a duras penas pude darle. —Ignacio —susurré—, yo también siento algo por ti. Algo que no puedo explicar con palabras, pero es algo que no puede ser -Continué con mi actuación-. Tengo miedo, no te lo voy a negar, pero los sueños eso son, esta es la vida real, no soy la Cenicienta. Tú eres un millonario exitoso y yo una simple chica con sueños de superación, pero quiero hacerlo por mi misma, no quiero que el día de mañana hablen de mi en la prensa que sólo estoy contigo por una posición, por tu dinero. Ese es mi miedo, por eso te he rechazado. Ignacio acercó su rostro al mío, y nuestros labios se encontraron en un beso dulce y apasionado. El mundo desapareció a nuestro alrededor, y solo éramos nosotros dos, bajo la luz de la luna. Y así, en ese jardín secreto, comenzó una historia de amor, tejida con hilos de estrellas y promesas susurradas al viento, al menos para él... -No debiste hacer eso -Jadeaba al hablar. -Espero te haya quedado claro con ese beso, que lo que siento por ti, todo lo que te he dicho, es verdad. No me importa nada de lo que hayas dicho. No me importa el mundo, sólo me importas tú. Estoy enamorado de ti, entiende eso. -Estoy muy confundida. Se supone que estas cosas sólo suceden en la ficción, no en la vida real -Lo miré nostálgica. -No tengas miedo, es momento de que empieces a vivir tu propia historia de amor. Conmigo, nada te va a faltar. Yo prometo hacerte muy feliz. Siente como late mi corazón por ti -Colocó mi mano en su pecho. -Sólo quiero ser feliz. Nada más -Mi corazón también latía fuerte y por primera vez en la vida, fui débil. Ignacio volvió a besarme y todo se convirtió en un momento mágico. Me sentía volando en las nubes, como en un cuento de hadas. Me sentía feliz.e dejé llevar por primera vez y en ese instante, me di cuenta, acepté lo que por tanto tiempo negué; yo también me había enamorado de Ignacio Salvatore.
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