Barrio marginal de Tor Bella Monaca. Luca caminaba con las manos en los bolsillos del abrigo largo. La noche era pesada y densa. Bajo el cielo sin estrellas, el aire olía a gasolina y humedad. Estaba solo. Así prefería trabajar cuando el asunto olía a traición. Las calles de Tor Bella Monaca no eran para turistas. Ni siquiera para policías. Pero Luca conocía bien esos rincones. Sabía a quién preguntar, cuánto pagar y cuándo callar. Había recibido una pista anónima a través de un sobre, dejado en la reja de la casa D'Angelo: “Busca a Dante Brusi. Él vendió a la italiana”. Nada más. Sin firma. Dante Brusi. Extransportista. Camello menor. Se había desaparecido del mapa desde hacía un par de años. Pero ahora, por algún motivo, su nombre volvía. Luca dobló en una calleja estrecha, donde la

