👧🏼NUEVA LUZ TEMPORAL👩🏼

1463 Words
Mientras Margot había salido del edificio se dirigió a su casa, donde la soledad la abrazaba nuevamente llevaba meses sin ver a sus pequeños niños; ya que meses atrás su ex pareja se los había quitado de manera legal por motivo de que ella estaba tan ocupada queriendo tener la vida de su hermana, que no se dio cuenta que perdía a la suya con el paso de los meses el dolor la abatia estos últimos meses, pero si los queria de vuelta tenia que demostrar que seria una buena madre para sus dos pequeños niños........ *MESES ATRÁS* En una mansión alejada del bullicio de la cuidad, rodeado de arboles frutales estaba Margot junto a su esposo Anderson que disfrutaban en el bello jardín lleno de flores de muchos colores, con un pequeño lago natural que generaba esa esencia tan natural que la brisa del viento golpeaba tan suave el rostro de las 4 personas presentes que disfrutaban de la frescura de la tarde.....Anderson era un hombre cariñoso con su querida esposa Margot, tan atento como siempre con ella y sus dos pequeños hijos que en ese momento tenian 7 y 9 años de edad, una pequeña niña de cabello castaño oscuro con la piel blanca, con unos hoyuelos que cuando sonreía bailaban junto a esa bella sonrisa con dientes perfectamente alineados y blancos, gracias al cuidado de sus padres, en tanto al pequeño niño tenía un cabello rizado oscuro, con su piel color canela que hacía juego con su sonrisa y carisma tan inocente...... -Mi bella Margot soy tan feliz por la familia que tenemos jejeje, nuestros pequeños hijos son unos angelitos -Decía con tanto amor Anderson, mientras daba un beso tierno de amor a su esposa. -Yo tambien soy muy feliz a tu lado mi amor somos la familia casi perfecta jejeje, y claro nuestros pequeños están hermosos y más nuestro tercer retoño que viene en camino jejeje -Dijo Margot con mucho amor mientras se acaricia su vientre junto a la mano de su esposo. -Tienes toda la razon mi bella Margot, con este pequeño o pequeña, estaremos completos como lo habíamos soñado antes jejeje te amoooooo, amoooo a mi familia - Dijo Anderson muy feliz. -Así será mi amor hay que ser pacientes y esperar algunos meses, más o menos 7 meses jejeje - Dijo Margot muy emocionada. *TIEMPO ACTUAL* Margot recordaba cada momento que pasaba con su familia, esos recuerdos aún le dolían en el alma; tanto que se limpió las lágrimas que empezaron a correr por sus mejillas, retomando su postura siguió su destino a la casa para continuar con sus planes a detalle, qué era lo único que importa ahora. Margot entró a su casa con pasos lentos, arrastrando el peso de la culpa que llevaba en el pecho. Las paredes blancas y los muebles perfectamente ordenados no podían ocultar la ausencia de lo que una vez fue su hogar. Todo lucía impecable, demasiado. Tan perfecto como una vida que solo existía en su cabeza. Se quitó el abrigo, lo dejó colgado en el respaldo del sillón y caminó hasta la habitación que una vez compartió con Anderson. Se sentó en la orilla de la cama, la misma donde alguna vez se sintió amada, contenida, completa. Ahora, lo único que la acompañaba era el silencio. Un silencio ensordecedor que la confrontaba con una verdad que no quería mirar: lo había perdido todo. —Tengo que recuperarlos —susurró con voz temblorosa, como si decirlo en voz alta le diera fuerzas—. Mis hijos... mis hijos son míos. Nadie va a quitármelos. —No voy a permitir que ella me quite a Cataleya es lo único que me queda para recuperar a mis hijos, y quedarme con todo lo de esa mocosa… Su reflejo le devolvía una imagen desgastada, pero sus ojos brillaban con una determinación inquietante. No era locura, era desesperación. Ella quería a sus hijos de vuelta, y si eso significaba enfrentarse a todos, incluso a Renata, lo haría. —Haré lo que sea necesario… —murmuró mientras cerraba el espejo del tocador que ocultaba una pequeña caja fuerte. De allí sacó unos documentos, papeles que llevaba meses acumulando en silencio, esperando el momento correcto. Y ese momento se acercaba. **** Mientras tanto, Renata observaba a Cataleya dormida en el sillón de su pequeña sala. La niña abrazaba un peluche desgastado, pero lo hacía con una sonrisa dulce en los labios. Esa paz que solo los niños sienten cuando por fin se sienten seguros. Renata se acercó, le acomodó una manta sobre el cuerpo y se sentó a su lado, agotada emocionalmente. Ver a su sobrina feliz le llenaba el alma, pero también le dolía saber que ese mismo brillo podría desaparecer si Margot volvía a entrar a sus vidas sin cambiar realmente. No era que odiara a su cuñada. Era... decepción. Margot se había perdido en su ambición, en su necesidad de comparación constante, de perfección irreal. Había lastimado a su propia sobrina. Y ahora que hablaba de recuperarla, Renata temía lo peor. Sacó su celular y comenzó a escribir un mensaje a Giorgio, Dudó antes de enviarlo, pero finalmente pulsó “enviar”: “Cataleya está bien. Feliz. Solo quiero que sepas que si Margot intenta algo, yo estaré aquí. No dejaré que le vuelva a hacer daño. No otra vez.” Cataleya se giró entre sueños y murmuró con voz suave: —Mami… Renata la escuchó y sintió un nudo en la garganta. Apretó la manta entre sus dedos y solo pudo susurrar: —Aquí estoy, pequeña. No te voy a dejar sola nunca más - Pero en el fondo… sabía que la tormenta apenas comenzaba. *AL DIA SIGUIENTE* Cataleya reía con dulzura mientras corría descalza por el pequeño jardín de la casa donde vivía su tía Renata. El sol de la mañana pintaba destellos dorados en su cabello castaño mientras las plantas, humildes pero vivas, parecían inclinarse para saludarla con cada paso. —¡Tía Rena, mira! ¡La mariposa se posó en mi dedo! —gritó con entusiasmo, levantando su pequeña mano hacia el cielo. Renata, que la observaba desde una silla plegable con una taza de té en las manos, no pudo evitar sonreír. Esa risa… era la misma que había escuchado de su hermano Franco Bianchi en su infancia, pero con una dulzura más inocente. —¡Eres mágica, mi amor! —le respondió con ternura—. Las mariposas solo se posan en las niñas especiales. Cataleya corrió hacia ella y se sentó en sus piernas, aún aferrando una flor que había recogido. —¿Puedo dormir contigo esta noche? —preguntó de pronto, con una voz bajita, cargada de algo más que ternura. Era nostalgia. Era vacío. Renata la abrazó fuerte, tragando el nudo que le subía por la garganta. —Claro que sí, como todas las veces que quieras. Cataleya se quedó en silencio por unos segundos, jugando con la manga del suéter de Renata. Luego, con esa inocencia que solo los niños poseen, susurró: —A veces sueño con mi mami… y con mi papi. Están en un auto. Me saludan desde lejos. Pero yo no puedo abrir la puerta para ir con ellos. Renata sintió cómo le dolía el alma. La imagen de su hermana mayor y Anderson, tan llenos de vida, se le aparecía como una punzada aguda cada vez que pensaba en aquel trágico accidente. Fue tan rápido… una llamada, una ambulancia, una carretera fria. Y todo terminó. —Ellos te cuidan desde el cielo, mi princesa. Y me dejaron a mí para que nunca estés sola —le respondió con un beso en la cabeza. —. Aunque no estén aquí, te aman con todo su corazón. Cataleya se acurrucó aún más en su regazo. —¿Y tú también me amas? —Mucho más de lo que puedo decirte con palabras. La niña sonrió y apoyó su cabeza en el pecho de Renata, escuchando su corazón. —Entonces no me falta nada —susurró, cerrando los ojos. Renata la abrazó con más fuerza. Sabía que el amor no llenaría el vacío por completo. Sabía que ninguna risa, ningún juego, ningún cuento leído por las noches reemplazaría la presencia de Andrea y Franco. Pero también sabía que cada día que pasaba, Cataleya comenzaba a construir un nuevo hogar en esa pequeña casa lleno de plantas, libros y silencios compartidos. Y aunque la sombra de Margot seguía rondando sus pensamientos como una amenaza latente, Renata no tenía miedo. Porque en esos pequeños momentos de paz, encontraba el valor para defender lo que ahora era su mayor tesoro: Cataleya, su sobrina, su razón de vivir, la descendencia de su único hermano Franco Rinaldi. 
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