Días después del regreso forzado de Cataleya, el ambiente en la casa había cambiado. No era una casa silenciosa era una casa que callaba cosas. Margot había instalado nuevas reglas. Cataleya tenía horarios estrictos para levantarse, comer y acostarse. No debía hablar en la mesa no debía llorar no debía hacer preguntas. Solo debía comportarse “como una niña agradecida”.Y lo más extraño: Sebastián y Martina ya casi no estaban. Al principio, Cataleya pensó que estaban enfermos tocó la puerta de su cuarto una noche y no obtuvo respuesta. Al día siguiente, preguntó por ellos durante el desayuno. —¿Dónde están Sebastián y Martina? —Ellos están en un lugar donde los niños aprenden a comportarse. Cuando tú aprendas también, volverán. —¿Un internado? —Algo parecido. No preguntes tanto. Termina

