El reflejo en el espejo me devolvía la mirada de una joven de 22 años con el cabello castaño oscuro y ojos verdes que habían visto y juzgado demasiadas cosas para su corta edad. Siempre había sido independiente, algo que aprendí de mi madre, una mujer de negocios feroz que no necesitaba a nadie para salir adelante. Aunque mi vida parecía perfecta desde fuera, con mi éxito como modelo y mis estudios en la universidad, la realidad era muy diferente.
No creía en los cuentos de hadas ni en los finales felices. Para mí, el amor era una ilusión, un juego peligroso que siempre terminaba en dolor. Había tenido mi parte justa de relaciones fallidas, hombres que prometían el mundo pero dejaban tras de sí un rastro de decepción y lágrimas. Así que, en lugar de buscar un príncipe azul, había aprendido a disfrutar de mi propia compañía y a valorar la independencia que tanto me costó conseguir.
Mis días se dividían entre sesiones de fotos, clases en la universidad y largas noches de estudio. Rara vez me tomaba el tiempo para salir de fiesta, pero cuando lo hacía, era con la intención de divertirme y, a veces, de olvidarme de la presión constante que parecía seguirme a todas partes. Ese viernes por la noche, me encontraba preparándome para una fiesta universitaria. Mi amiga Lucía había insistido en que saliera un poco, argumentando que necesitaba relajarme.
—Emma, necesitas un descanso. Vamos a divertirnos esta noche, olvidarnos de todo y simplemente disfrutar —me dijo mientras me ayudaba a elegir un vestido.
La verdad era que, a pesar de mi fachada dura, había una parte de mí que anhelaba ese tipo de distracción. Un escape temporal de la realidad. Así que, con un vestido n***o ajustado y mis tacones favoritos, me dirigí a la fiesta con Lucía.
***
La fiesta estaba en pleno apogeo cuando llegamos. La música retumbaba en cada rincón de la casa, y el lugar estaba abarrotado de estudiantes bailando, charlando y bebiendo. Me abrí paso entre la multitud, saludando a conocidos y amigos, y tratando de dejarme llevar por el ambiente festivo.
Fue entonces cuando lo vi por primera vez. Dante Moretti. Estaba apoyado contra una pared, con un vaso en la mano, observando la escena con una mirada penetrante. Su presencia era innegable, casi intimidante. Alto y musculoso, con cabello n***o y ojos azules que parecían ver a través de la gente. Había algo en él que me hizo detenerme en seco, algo que me atrajo de una manera que no podía explicar.
Lucía, notando mi distracción, siguió mi mirada y sonrió.
—Ese es Dante Moretti. Es nuevo en la universidad. He oído cosas… interesantes sobre él —dijo con una sonrisa maliciosa.
—¿Interesantes? —pregunté, sin poder apartar la vista de él.
—Dicen que es misterioso, peligroso. Nadie sabe mucho sobre su pasado, pero parece tener una historia bastante oscura.
Peligroso. La palabra resonó en mi mente. No era alguien que buscara problemas, pero había algo en Dante que despertaba mi curiosidad. Decidí acercarme, aunque fuera solo para satisfacer esa curiosidad momentánea.
—Hola, soy Emma —dije, presentándome cuando estuve lo suficientemente cerca.
Dante levantó la vista, sus ojos azules se encontraron con los míos y, por un momento, sentí como si el tiempo se detuviera. Me estudió en silencio durante unos segundos antes de responder.
—Dante —dijo simplemente, su voz baja y cargada de una intensidad que me hizo estremecer.
La conversación inicial con Dante fue breve. Él no parecía interesado en charlar, y su actitud distante solo alimentó mi curiosidad. Decidí no presionarlo más y me alejé, aunque no podía dejar de pensar en él durante el resto de la noche. Algo en su mirada me había perturbado, una tristeza profunda mezclada con una determinación feroz.
Después de un rato, Lucía y yo nos dirigimos a la cocina para tomar algo. Fue allí donde escuché fragmentos de una conversación que captaron mi atención. Dos chicos hablaban en voz baja, pero lo suficiente como para que pudiera oírlos.
—¿Has oído lo que dicen sobre Moretti? —dijo uno de ellos, un tipo alto con una chaqueta de cuero.
—Sí, algo sobre que está aquí para vengarse. Dicen que su familia fue asesinada por una organización criminal —respondió el otro, un chico con gafas.
Mi corazón dio un vuelco. ¿Venganza? ¿Asesinato de su familia? De repente, la presencia intensa y la mirada oscura de Dante tenían mucho más sentido. La idea de que estuviera buscando justicia por la muerte de sus seres queridos me hizo sentir una extraña mezcla de compasión y admiración.
No podía imaginar el dolor que debía estar soportando, ni la fuerza de voluntad que necesitaba para seguir adelante con una misión tan peligrosa. Sentí un impulso irrefrenable de hablar con él de nuevo, de entender más sobre su historia y, quizás, ofrecer mi apoyo de alguna manera.
Decidida, busqué a Dante en la fiesta. Finalmente lo encontré en el jardín trasero, solo, mirando la noche estrellada. Me acerqué con cautela, sin querer parecer intrusiva.
—Dante, ¿puedo hablar contigo? —pregunté suavemente.
Él giró lentamente la cabeza hacia mí, sus ojos azules brillando a la luz de la luna. No dijo nada, pero hizo un gesto con la cabeza para que me acercara.
—Escuché algo… sobre tu familia. Siento mucho lo que te pasó —dije, tratando de elegir mis palabras con cuidado.
Su expresión se endureció de inmediato, y vi un destello de ira en sus ojos.
—No sabes nada sobre mí, ni sobre mi familia. Así que será mejor que no te metas donde no te llaman —dijo con frialdad.
—Solo quiero ayudarte. Sé que no nos conocemos, pero…
—No necesito tu ayuda, Emma —me interrumpió, su tono más frío que nunca—. Si realmente quieres ayudar, mantente alejada de mí. Esto no es un juego, es mi vida.
Sentí un nudo en la garganta. Su rechazo era más doloroso de lo que esperaba, pero también entendía su necesidad de protegerse. Sabía que mi insistencia solo empeoraría las cosas, así que asentí y retrocedí.
—Lo siento. No quería importunarte. Solo… cuídate, Dante —dije antes de alejarme.
La noche continuó, y aunque intenté disfrutar del resto de la fiesta, mi mente seguía volviendo a Dante. Sentí que algo había cambiado dentro de mí, algo que no podía ignorar. Mi vida, que siempre había sido tan clara y definida, de repente se llenaba de incertidumbre y emoción, todo por un hombre que apenas conocía pero que ya había dejado una marca profunda en mi corazón.
Al final de la noche, mientras Lucía y yo regresábamos a casa, no podía dejar de pensar en lo que había descubierto y en la mirada intensa de Dante. Sabía que me estaba metiendo en algo peligroso, pero también sabía que no podía dar marcha atrás. Algo en él me llamaba, me atraía de una manera que no podía explicar, y aunque no quería admitirlo, una parte de mí ya estaba enganchada en su oscuro y misterioso mundo.
Y así, sin darme cuenta, comenzó mi viaje hacia lo desconocido, un camino lleno de peligros y emociones intensas, con un hombre que buscaba venganza y una joven que buscaba algo más, quizás redención, quizás amor. Solo el tiempo lo diría.