Sami "La Bobita"

1087 Words
Esos días fueron particularmente difíciles para Andrew, pero al mismo tiempo eso le permitió desarrollar habilidades para mantenerse aislado de los ataques y del menosprecio general. Sus buenas notas también fueron motivo de vuelas rencorosas, especialmente por los otros jóvenes. Siempre se metían con él llamándolo sabiondo, nerd y esas cosas de maldad que tanto le gustan a los jóvenes para humillar a otros, sin embargo lo respetaban en lo físico. Andrew era un muchacho alto y macizo con sus 1,80 metros se veía impresionante, además tenía mucha fuerza, su trabajo ayudando con las tareas pesadas a su abuela le había dado buenos músculos, su espalda era ancha al igual que sus pectorales. Además era muy sano y comía bastante bien y en abundancia por lo que su contextura física era muy fuerte. Así que los muchachos "hijos de papá y mamá" que no eran muy formados físicamente no se atrevían a meterse con él, sabían que iban a salir mal parados. Y si Andrew hubiera querido los habría presionado para que lo dejarán en paz, pero como él prefería ignorarlos entonces seguían con sus puyas y lenguaje ofensivo. También sabía Andrew que en el momento que él le pusiera la mano encima a alguno de ellos su beca desaparecería así como la voluntad de ayudarle que tenía el director de la institución. Por eso se contenía de responderles como se merecían, porque de buena gana los hubiera agarrado entre sus fuertes brazos para triturarlos. Su vida en la escuela pasó sin muchos problemas, era un niño retraído y que se relacionaba poco con los demás niños, esto se notaba especialmente en las horas de recreo entre las clases, se podía ver a todos los niños formando corrillos entre ellos, otros jugaban con pelotas o simplemente se perseguían por el amplio patio. Pero el pequeño Andrew siempre estaba solo, sin jugar ni hablar con nadie. Sus maestras se preocupaban por él al principio, pero luego lo dejaban pasar porque Andrew no era callado en clase, ni retraído, sino que por el contrario, le encantaba participar y responder preguntas. Su problema parecía ser que disfrutaba su soledad en el patio de la escuela, pensando en sus propios asuntos sin interactuar con nadie. Era muy inteligente por lo que la mayoría de los maestros sencillamente lo adoraban, era muy aplicado y pulcro en sus intervenciones y trabajos. Los demás niños lo veían como el niño "raro" pero de allí no pasaban, le dejaban estar en su espacio, en el territorio que él quería estar. Nunca tuvo problemas con ningún otro alumno, ni con algún maestro, siempre fue callado pero amable así transcurrió su tiempo en la primaria. Pero las cosas cambiarían radicalmente en la secundaria y la preparatoria. En la secundaria los muchachos son más crueles que en la primaria, aún cuando sus compañeros de clase no se metían mucho con él, siempre había un tipo que le gustaba molestarle o meterse con él para pasar un rato "divertido" pero no era muy grave ni tampoco era todos los días. Como siempre, siguió dando muestras de poseer un excelente cerebro, en especial para las materias que tienen que ver con las ciencias. El cambio brusco vino cuando le tocó pasar a la preparatoria, pues como era un excelente estudiante su abuela se esforzó por conseguirle cupo en una de las preparatorias más exigentes y elegantes del estado. Y para ello recurrió al mismísimo gobernador del estado quién había sido un gran amigo de su esposo, sin embargo le tocó batallar duramente por seis meses hasta que el gobernador por fin le extendió una beca extraordinaria al joven Andrew Lawrence, para que entrara en la exclusiva preparatoria Clemens. La abuela se sintió muy orgullosa de este logro, pero a Andrew no le gustaba mucho la idea, no porque hay birra hecho muchos amigos, pero al menos ya lo conocían bien y casi no se metían con él. Se la llevaba, sino bien, al menos con una cierta camaradería que lo hacía muy tolerable. Y él sabía que el hecho de cambiar de colegio a estas alturas era poco conveniente, tener nuevas personas con quién tratar ya era de por si algo difícil, pero si a eso se añadía que eran puros hijos de mamá y papá, caprichosos y acostumbrados a hacer lo que les daba la gana, la cosa se ponía ya castaño oscuro. Y tal como Andrew había supuesto el recibimiento no pudo haber sido más frío y desagradable. La mayoría de su clase se le quedó mirando como si tuvieran a una espécimen raro de laboratorio ante ellos, algunos murmuraron en voz baja sus impresiones y otros se rieron más o menos disimuladamente. Pero una rubia no mal parecida, pero con unos horribles brackets y una desagradable expresión en su rostro lo miro con total descaro para demostrar su rechazo. —Miren chicos! El nuevo se trajo la ropa del conserje para venir a clases —su voz con tono de franco desprecio se dejó escuchar con claridad por encima del bullicio y las risitas burlonas. Andrew se puso colorado como un camarón por la afrenta y la vergüenza, porque si de casualidad alguno del salón no había volteado al verlo, ahora todos los miraban con atención después de los comentarios denigrantes de la rubia. Ahora todos lo miraban fijamente y sus ropas le parecían más feas de lo que realmente eran, una rubia sorda le subía por la garganta y estaba a punto de hacer erupción en él. Apretaba los puños con fuerza haciendo que se le blanquearan los nudillos, para tratar de controlar la rabia, pero su voz sonó calmada y tensa cuando habló. —Bueno, que se puede esperar de una rubia tonta —el insulto le salió normal como si todo el tiempo lo hubiera usado contra las personas— No eres más que una "bobita" una "rubia bobita" Por supuesto que Samantha no se iba a quedar con esa afrenta e insulto proveniente de un chico con un aspecto tan pobre que le hacía despreciarlo de verdad. —Y tú no eres más que un pobre "patán de pueblo" Hubieran quizás continuado con los insultos sino hubiese entrado uno de los profesores que les darían clases ese año, y encima era el profesor guía de la sección. Pero así ya había quedado marcado el territorio entre ambos y esos apodos los acompañarían por todo el tiempo que estudiaran en la preparatoria. Los enemigos acérrimos… El "patán de pueblo" y la "rubia bobita"
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