Ambos hombres se voltearon al mismo tiempo para encontrarse con la glamorosa figura de Sabrina Morris. Esta se había acercado sin que los dos hombres se percataran que ella se acercaba siquiera. Ella se dirigió a ambos pero la vista estaba fija sobre Andrew Lawrence. —Hola de nuevo —su voz era condenadamente seductora— ¿Puedo sentarme con tan gentiles caballeros, que han impresionado a mi abuelo y a mí persona también? Por supuesto que sí, Sabrina —la voz de Ronald Ashton se adelantó a contestar antes de que Andrew tuviera siquiera la oportunidad de abrir la boca. —Gracias, caballeros —dijo con coquetería— ¿Me permiten? Ambos se habían levantado como un resorte apenas ella había terminado de manifestar su deseo de acompañarlos a la mesa. Cada uno de ellos tomó el espaldar de la silla

