—Annika, no creo que te des cuenta de lo que te has metido cuando decidiste ser mi mujer. Pero te lo mostraré en cuanto lleguemos al hotel. —Um... ¿A dónde vamos, exactamente? —Respiró hondo mientras yo seguía moviendo su mano y acariciaba mi m*****o erecto y mis propios ojos comenzaron a cerrarse. —Mmm... Vamos a Dallas, Texas. —¿Por qué Dallas? —Mi empresa está expandiéndose y nos estamos preparando para abrir una sucursal allí. Necesito supervisar los aspectos del día a día, pero durante el horario comercial normal. Así que tendremos mucho tiempo para cosas personales. Y mucho tiempo para el placer —susurré en el oído de Annika mientras ella agarraba firmemente mi erección. —Espero que me complazcas, a cambio, Annika. Así como esto —le dije con firmeza, a lo cual ella asintió. Dejé

