Aurora Winter no podía recordar la última vez que había dormido sin pesadillas, la noche se extendía sobre la academia con un silencio pesado, solo roto por el susurro del viento que rozaba los ventanales. La luz de la luna caía sobre su escritorio, iluminando los pergaminos abiertos y el medallón que descansaba frente a ella, brillando tenuemente, como si conociera la verdad que aún le era esquiva. Se pasó la mano por el rostro, cansada cada músculo de su cuerpo dolía por el entrenamiento intenso de los últimos días, por la tensión acumulada y por el peso de los secretos que empezaban a revelarse pero a pesar del agotamiento, había algo que la mantenía despierta: una sensación persistente de que estaba a punto de cruzar un límite que no habría marcha atrás. —Aurora…— La voz de Kai, sua

