La psicóloga rodó las sesiones de sus dos pacientes de tal forma que, tanto Ian como Emely, no se fueran a encontrar al llegar o salir de sus consultas. No era una opción el contarles que estaban siendo atendidos por la misma psicóloga. Si Emely se enteraba, lo más probable es que se quedara esperando a ver la llegada de Ian al consultorio. Y por el lado de Ian, se enojaría y no volvería a sus sesiones para no tener que volver a ver a Emely. A esas alturas de la vida, Ian ya había creado toda una nueva vida, había avanzado mucho en su meta de ser una buena persona y pasó por todo un proceso doloroso donde pudo sanar todas sus heridas y traumas de la infancia y adolescencia, así como las nuevas creadas en la adultez. Habían sido sin duda alguna, los casi tres años de su vida más largos

