Se quedaron en el hospital toda la noche montando guardia como siempre lo hacían cada vez que alguien estaba mal, sin saber en qué momento Mikail se quedó dormido en un pequeño sofá del cuarto, se sobresaltó mucho al despertar y ver a su padre jugando cartas con su suegro mientras tomaban el desayuno, los dos parecía que no les hubieran disparado dos veces en diferentes partes del cuerpo y es que la experiencia de los viejos ya era extensa, uno o dos balazos no los iban a mantener en cama mucho tiempo. – Tu madre no te quiso despertar, todas se fueron a la cafetería a desayunar, si vas todavía es posible que las encuentres. – comentó Jonathan al verlo sentarse. – Me alegra verte tan animado... – se terminó levantando – A los dos. – se acercó para abrazarlos. – Hierba mala no muere tan f

