Zoe aterrizó en el aeropuerto de Nápoles al medio día, estaba cansada y soñolienta, pero no quería pagar un cuarto de hotel solo para dormir estando tan cerca de su casa, cambió el chip de su celular y le mandó un mensaje a Magda que no tenía idea que su regreso a Italia tan repentino, pero si sabía que se iba a quedar más tiempo en París hasta el secuestro ese, no tardó en tener una respuesta de vuelta en una nota de voz con la mujer preocupada por su seguridad y su cambio repentino de planes, pero Zoe le aseguro que todo estaba en perfecto estado y que en esos momentos tomaría un taxi de vuelta a Positano. – Buenos días ¿Necesita un taxi? – preguntó un hombre recostado en la puerta de un auto. – Sí, voy a Positano. – Zoe vio a su alrededor. – Que casualidad, me hicieron venir aquí por

