Zoe estaba hasta el copete de toda esa gente donde esconderse lejos de la enérgica Layla que parecía haber consumido algún energizante porque no dejaba de moverse entre personas; caminando iba cuando sin querer escucho una conversación donde el hombre le reclamaba a su exnovia el haberse acostado con otro hombre mientras estaban saliendo, esas peladas de cara no se las esperaba en una fiesta como esa y se rio sintiendo lástima por el pobre cuernudo, al final una traición del ser amado siempre dolía, ella no sabía de esas cosas porque los novios no eran lo suyo, sin embargo, era más virgen una bailarina de tubo que ella misma. Una vez libre en la terraza del hotel paso a la orilla de la piscina pensando en si debía lanzarse para fingir un accidente y subir a su cuarto, pero eso significaría arruinar sus celulares y no tenía ganas de invertir en otros iguales, escondida detrás de unos grandes maceteros con plantas picudas, un escondite perfecto para no ser vista por nadie pues las luces no llegaban hasta ese lugar y su vestido ayudaba un poco a esconderse.
Recostada sobre uno de los maceteros vio a un hombre salir por el mismo lado que ella y este camino cerca de la piscina con una postura tensa, quizás estaba enojado y lo comprobó cuando el hombre le metió una patada al basurero que no estaba muy lejos de ella al que por suerte no tumbo y no hizo un reguero de basura, los hombres como siempre actuando como simios que querían resolver sus frustraciones golpeando cosas y entonces pensó en avergonzarlo un poco, era joven y guapo, no perdía nada jugando con un ratón.
– Oye, sé que el color verde limón es feo, pero no creo que sea tanto como para que agarres a patadas al pobre basurero. – lo vio voltear hacia todos lados antes de salir de la oscuridad.
– No me estaba desquitando con el porqué fuera feo. – dijo el hombre con pena verdadera en su rostro.
– ¿Entonces? – Zoe camino hacia la parte más iluminada.
– Es algo personal. – respondió con recelo.
– Hay que ir a terapia entonces, esos problemas de ira no creo que sean comunes. – se sentó en una de las butacas junto a la piscina mucho más divertida de ver su cara bonita arrugarse ligeramente.
– No es que tenga problemas de ira, solo fue un arranque de cólera esporádico. – se acercó un poco más a ella, con duda y timidez, un poco de curiosidad también se dejó ver en sus ojos.
– No era mi intención entrometerme en sus asuntos. – fingió pena solo para hacer que se relajara y confesara.
– ¿Te incomoda si me siento? – pregunto señalando la butaca a su lado como si el hotel fuese suyo o algo así.
– Adelante, yo solo soy una invitada en este precioso hotel. – sonrió al verlo sentarse a su lado un poco más relajado.
– ¿Invitada por parte de quien? – pregunto el hombre mientras trataba de verla con discreción ahora que había luz.
– De la jefa de la editorial para la que trabajo, Layla Doménico, ella invitó a sus mejores escritoras a la celebración de aniversario del hotel. – lo vio reírse con su respuesta.
– Pensé que ella solo tenía escritoras francesas. – con esa respuesta Zoe rezo porque no fuera igual al otro tipo.
– No, hace un poco más de un año abrió una editorial en Italia y no perdí el tiempo en ir a dejar mis manuscritos, por suerte ella me dio la oportunidad. – si escuchaba de nuevo que no parecía italiana se lo iba a cachetear y se iría a su cuarto.
– Eso es fantástico ¿Qué libros has escrito? – para su sorpresa el hombre guapetón se emocionó mucho.
– "Bajo el mar" ha sido bestseller este mes y "Los dioses del amor" va por el mismo camino. – sonrió con orgullo pues esas dos novelas eran su mayor aprecio.
– Zoe Sussina. – por un segundo escucho que se le agudizó la voz por la emoción.
– Un gusto conocerlo... – extendió la mano hacia él sonriendo mucho más – ¿Cómo se llama usted? – pregunto cuando el tomo su mano.
– Mikail Alenkov. – se presentó con una sonrisa que podría derretir a cualquiera.
– Un gusto conocerlo señor Alenkov ¿De dónde viene? – eso se había puesto interesante.
– Rusia... – dijo un poco torpe – Provengo de Rusia aunque en estos momentos estoy establecido en Polonia y Francia, tengo varios negocios. – trato de aclararse posiblemente para no hacer el tonto.
– Que bien, imagino que debe ser un poco divertido el andar viajando de un lado a otro aunque fuera solo por negocios. – Zoe se sentó de lado para prestarle completa atención a él, tenía su atención desde que lo vio salir, pero no estaba de más hacérselo saber.
– Sí, es divertido andar de un lado a otro, pero a veces prefiero quedarme más tiempo en Polonia o en Mónaco. – Mikail también se sentó de lado para verla.
– Mónaco es el lugar donde hay casinos ¿Verdad? – él asintió – Siempre he visto muchas fotos de ese lugar y espero algún día poder visitarlo, sería bueno para tomar inspiración en una nueva novela que estoy escribiendo. – estiro la pierna con la abertura y volvió a flexionarla.
– ¿De qué va esa nueva novela? – Mikail tuvo mucha curiosidad y fue obvio que lucho por no verle las piernas.
– No puedo dar adelantos... – lo vio poner ojitos de cachorro – Quiero escribir un romance de la mafia, todo pura ficción, pero me gustaría hacer algo que lleve tintes peligrosos. – lo dijo procurando no dar muchos detalles porque no quería que se fuera de lengua con nadie.
– Sería interesante leer algo como eso, espero que cuando la publique me avise para decirle a mi tío que me lo compre, él vive en Sicilia. – Mikail agrando su sonrisa y volteo hacia las puertas por donde había salido al tiempo que ella ponía si vista en ese mismo lugar.
La hermana mayor se Layla había salido del hotel y pareció buscar algo con la mirada la cual se detuvo cuando los encontró a ellos, pero solo sonrió dulcemente provocando que Mikail le devolviera la sonrisa con mucho amor reflejado en ella, por suerte Zoe había sido excelente leyendo el lenguaje del cuerpo y las miradas, la mujer volvió adentro después de que se asegurará de que todo parecía estar bien.
– ¿Conoces a la señora? – pregunto Zoe curiosa por esa interacción.
– Si, esa preciosa mujer es mi madre. – lo dijo con mucho orgullo.
– Entonces usted es familiar de Layla. – ergio la espalda rápidamente y aquel juego se vio abortado porque no era buena idea ya.
– Ella es mi tía materna. – lo dijo de forma escueta.
– ¡Qué pequeño es el mundo! – Zoe se rio – Bueno, creo que llego la hora de que vuelva adentro. – se levantó de la butaca pensando en que era mejor ahorrarse malos entendidos.
– ¡Espera! – Mikail la tomo del brazo y se levantó de golpe provocando que Zoe fuera consiente de su altura.
– ¡Dios, que alto eres! – Zoe se espantó un poco porque le pasaba como cuatro cabezas y no podía recodar la última vez que conoció a alguien así de alto.
– Perdona, a veces no mido mi fuerza... – le había pegado un buen jalón sin querer – Pero te iba a decir que no es necesario que corras después de saber quien es mi familia, adentro no tengo mucha diversión y es interesante hablar contigo, no he tenido la oportunidad de hablar con una escritora como tú. – con esas palabras Zoe sintió sus mejillas ponerse calientes.
– No iba a escapar porque fueras sobrino de mi jefa, tu madre estaba con una chica que hablaba sobre su novio e imagine que eras tú, no quisiera meterte en problemas... – las había escuchado cuando estuvo en la reunión de preguntas – Pero si te parece interesante hablar conmigo, yo me quedo a hablar contigo. – se sentó al mismo tiempo que Mikail lo hacía.
– Yo no tengo novia, ella es la mujer que me convirtió en toro. – con eso Zoe se rio porque él era el cuernudo.
– Entonces ella te convirtió en un toro. – lo vio directo a los ojos probando un juego inocente, pero con doble sentido.
– Un toro por los cuernos porque yo era un semental. – le siguió el hilo picaresco y Zoe pensó que sería bueno seguir.
– Por favor, no sigas, que tendré que pedirte permiso para usar tu persona en una de mis novelas. – Zoe continuo riéndose al tiempo que cruzaba una pierna sobre la otra.
– Sería un honor estar de coprotagonista en una de tus novelas. – Mikail suspiro ligeramente mientras la veía reírse con soltura.
En tan poco tiempo de conversación Zoe sintió que Mikail era un hombre sumamente encantador y más con esa sonrisa de coquetería natural que dejaba ver un par de hoyuelos en sus mejillas barbudas, andaba el cabello casi rapado en su totalidad y con el traje tan entallado a su cuerpo era un verdadero Don Juan ante sus ojos, quizás ante los ojos de muchas mujeres ahí adentro y más si era él el dueño de ese hermoso hotel, Mikail era tan extrovertido al hablar y hacer cumplidos que no pudo mantenerse seria en mucho tiempo, también sus mejillas se calentaban ligeramente.
– Tengo que hacer eso cuando vuelva a París por vacaciones. – comento Zoe riendo de nuevo.
– ¿Cuánto tiempo te vas a estar quedando? – pregunto Mikail.
– Estaba pensando en quedarme unos cinco o seis días, pero tengo trabajo y es probable que me marche el domingo por la mañana. – cambio la posición de sus piernas.
– Es una pena que te vayas a quedar tan poco tiempo, me hubiese gustado llevarte a comer lo que te cuento. – se vio nervioso, comenzó a jugar con sus anillos.
– Si, me has generado mucha intriga sobre esa comida... – la música adentro cambió – Tu padre es el señor Jonathan Alenkov ¿Verdad? – comento Zoe viendo hacia adentro.
– Sí, dicen que nos parecemos mucho. – Mikail asintió.
– Si, se parecen bastante, tu madre es muy guapa también y es de admiración. – lo fijamente, sus grandes manos, sus largas piernas, sus brazos se veían como dos de los suyos.
– No me gusta mencionarlo, pero ella no es mi madre biología, me comenzó a criar cuando yo tenía unos dos años y mi hermano cuatro o cinco. – comento mientras la veía a los ojos.
– Que lindo que tengas a una mujer que te ame tanto y sin condiciones, una madre siempre es muy necesaria en la vida. – Zoe sintió un cosquilleo en el pecho.
– Tus padres imagino que deben estar orgullosos de todo el éxito que estás teniendo con tus libros, es un gran logro ser uno de los más vendidos en tan poco tiempo. – Mikail pensó que había dicho algo malo.
– Yo no tengo padres, ellos fallecieron cuando yo tenía dos años y mi tío solo me cuido hasta los cinco antes de entregarme a un internado. – bajo la cabeza un poco incómoda pues prefería no recordar aquellas cosas.
– Lo siento. – se mordió el labio inferior.
– Descuida, eso es algo que no se sabe y no está en mi biografía personal en los libros tampoco. – Zoe retomo la sonrisa.
– Pero desde donde estén deben sentirse orgullosos de que su hija toco el cielo de la fama y sigue creciendo. – con algo de cautela le tomo la mano viendo el anillo en forma de serpiente que usaba en el dedo índice.
– Me gusta pensar en que están orgullosos de mí ¿Tienes algún interés romántico? – quería abandonar el tema de sus padres y Mikail pareció entenderlo.
– Sí... – levanto la mirada y ella le extendió la otra mano para que viera sus otros anillos – Tengo interés en una escritora francesa. – le tomo la mano para verlos porque estaban bonitos.
– Laura Debicki. – le vio de reojo con una sonrisa cuando él levantó la mirada.
– ¿Cómo lo sabes? – se rio.
– No sé, fue el primer nombre que se me vino a la cabeza y es que la rubia está linda, también porque es una de las que trabaja con Layla... – se inclinó hacia su lado – ¿Ya hablaste con ella? – movió sus cejas.
– No, todavía no he tenido la oportunidad de hablar con ella y no ha asistido esta noche cuando yo pensaba darme valor para hablarle. – ambos se rieron como si fueran cómplices de una travesura.
– Mañana no estará en la firma de libros, pero el domingo habrá otra, me quedo si vamos a esa firma y le hablas, las invitas a salir. – Zoe estaba más divertida todavía.
– ¿Te quedarías solo por eso? – pregunto extrañado.
– Si puedo echarte una mano para que conozcas a la futura madre de tus hijos, entonces si, además me das algunas ideas para escribir. – le guiño un ojo sabiendo que podía sacar excelente material.
– ¿Me la vas a presentar? – Mikail no se negaba a que cualquier otra persona se la presentara pues le ahorrarían una estrategia.
– No, ella y yo no nos llevamos tan bien como para presentarle a alguien, pero puedo acercarte a ella para que avances más fácil. – Zoe había intentado hablarle, pero Laura era un poquito envidiosa y siempre la trataba de evitar.
– Va, me acercas a ella entonces y yo hago mi magia... – estrecho la mano de ella volviendo aquello un trato – Me gusta mucho este anillo ¿Dónde lo compraste? – le volvió a agarrar la mano de la serpiente.
– Los compré en línea hace tres años, ya fue discontinuado ¿Querías uno? – dejo que se lo sacara.
– Me encanta, haría juego perfecto con este. – andaba un anillo de plata en el dedo meñique y otros en la otra mano.
– De ese anillo eran dos piezas iguales, pero la otra era en una talla mucho más grande... – vio que no le paso de las primeras falanges del dedo medio – Me gusto tanto que siempre lo he andado como llavero. – lo saco con mucho cuidado.
– ¿Me lo vendes? – Mikail le devolvió su anillo y tomo el otro.
– Te lo regalo, mejor que vea la luz en tus manos que permanezca en la oscuridad dentro de mis carteras. – le quedo bien en el dedo medio, le quedo perfecto mejor dicho.
– ¡Mikail! – una voz masculina lo llamo, era su padre – Tienen que entrar porque la cena va a comenzar. – los llamo a los dos.
– Ya vamos señor suegro. – susurro Zoe jugando y Mikail se rio.
– ¡Ya vamos papá! – se dio la vuelta hacia ella – Le voy a decir lo que acabas de hablar. – se levantó.
– ¡No te atrevas! – Zoe también se levantó y quiso correr, pero se regresó por su cartera y corrió de nuevo hacia él.
– ¿No te da miedo correr con esos tacones? – la atrapo en sus brazos cuando ella dio un salto hacia él.
– Estoy acostumbrada a utilizarlos desde que tenía quince, todos mis zapatos son de tacones. – comenzó a dar saltitos.
– ¿No tienes tenis? – Mikail tuvo que apurar el paso para alcanzarla.
– Si tengo, empolvados al final de mi closet junto a las sandalias playeras. – se dio la vuelta y ambos chocaron de pecho con pecho, aunque con los tacones que andaba ni lo alcanzaba.
– Lo siento... – la tuvo que tomar de los brazos para que no se fuera a caer – ¿Cuánto mides? Esos tacones no son muy altos. – la soltó para entrar más tranquilos al hotel.
– Mido honradamente un metro sesenta y siete ¿Tú? – levanto la cabeza para verlo.
– Dos con diez. – él se agachó.
– ¿No me regalas unos centímetros? O no, mejor regálame músculos, me hacen falta pompas. – se puso de lado y por inercia Mikail la vio.
– Yo digo que estás bien así. – las mejillas se le pusieron coloradas al tiempo que Zoe se reía.
– Zoe, vamos a tu mesa. – Layla llego y le señalo donde estaba la mesa reservada para ella.
– Zoe se queda conmigo, tengo una mesa solo para mí. – Mikail la tomo del brazo para alejarla de su tía.
– ¿Qué? – se vio confundida por unos segundos – Bueno, si quieren quedarse juntos no hay problema, tú das las órdenes. – sonrió entendiendo lo que se podría estar cocinando entre ellos.
– ¡Mika! – una chica morena se acercó a ellos – ¿Me puedo quedar con ustedes? Dimitry está en la mesa y la zorra también... – vio a Zoe – ¡Hola! – amplío la sonrisa.
– Hola. – Zoe sonrió también.
– Claro y las presento, Zoe Sussina, ella es mi hermana Agatha, la mayor de las trillizas. – corrió la silla para que Zoe se sentara.
– Un gusto conocerte. – Agatha la saludo con un beso en la mejilla.
– El gusto también es mío. – tomo asiento.
Mikail se iba a quedar en medio de las dos, corrió la silla para que Agatha tomara asiento también y es que desde pequeño había sido un caballero con las mujeres, esa era la ventaja de haber crecido con cuatro féminas que lo tenían a él como el hermanito preferido y al que más mimaban. Zoe se dio cuenta de que la familia de Mikail era extensa, siete hijos dentro del matrimonio, una nuera y dos nietos más los abuelos, la cantidad enorme de tías, tíos y los primos a pesar de que varios de ellos no compartían lazos sanguíneos, por suerte Agatha era tan amena como su hermano y las cosas también fluyeron entre ellas. En la mesa de los padres mayores James Doménico, el abuelo y padre, estaba observando la escena en la mesa lejos de ellos, la forma en que la mujer se desenvolvía con sus nietos era de mucha confianza, tanta que se pasaron los tragos para probarlos.
– Jonathan ¿Quién es ella? – pregunto curioso.
– Es una de las escritoras de Layla. – respondió su yerno.
– Se llevan muy bien con Mika ¿Ya se conocían? – lo vio buscarlo entre las personas.
– Que yo sepa no, se han conocido esta noche y es extraño porque después de desaparecer no había estado tan sonriente con nadie. – los encontró y se le quedaron los ojos cuadrados porque vio a su hijo con el brazo tras la espalda de la escritora mientras ella les enseñaba algo en su celular.
– ¡Dejen de estar de chismosos ustedes dos! – Sophie los regaño porque no disimulaban.
– Es que los encontré allá afuera tomaditos de la mano. – comento Jonathan inclinándose un poco más para ver a su suegra.
– Déjenlo pues, ya es un adulto y puede ser un caramelo con la mujer que quiera, de todos modos es un hombre soltero, además para el corazón engañado es mejor entretenerse con algo mejor. – Sophie no se cortó al hablar ni porque tenía a Natasha a su lado.
– Papá... – Antuan interrumpió – ¿Podemos beber champaña? Solo cinco copas, por favor, no nos vamos a poner ebrios. – él y su melliza eran menores de edad todavía.
– Cinco copas no les van a hacer mucho efecto, la última vez se metieron dos botellas de vodka en el chistecito de la fiesta. – comento Edith que escucho la petición.
– Solo cinco... – vio a sus demás hijos sentados en una mesa no muy lejos y mostró su mano la cantidad – ¡Antuan, si beben más de cinco le voy a meter una paliza y sabes que yo no juego! – se lo dijo con una voz gutural.
– Si papá. – asintió y volvió a su mesa.
– Pensé que eran más estrictos con el tema de bebidas alcohólicas. – comento Dmitry sentado con ellos.
– No, si les prohibimos que beban igual la harán y a escondidas de nosotros, preferimos que lo hicieran en casa y para su cumpleaños les dimos a conocer su primera borrachera, al día siguiente con la resaca hicimos retumbar la casa con música a todo volumen, aprendieron a que es bonito beber licor, pero que en exceso hay consecuencias horribles. – Edith sonrió, cada familia tenía sus métodos y ella aplicó la misma que sus padres.
– Pobrecitos, la pasaron mal. – Gia se rio viendo a los suyos, de haber conocido ese método lo hubiese implementado.
– Pero solo funciono con los primeros y los últimos, las trillizas siguen bebiendo como camionero alcohólico recién pagado. – agrego Jonathan viendo a Agatha que era quien menos limites se ponía.
Mientras los padres conversaban, en la mesa donde estaba Zoe ya le dolía la barriga de tanto reírse porque los hermanos Alenkov tenían muchas vivencias divertidas y no tenía idea como es que el tema llego a eso, pero estaba gozando mientras el espectáculo previo a la cena seguía en función.
– Hubieras visto la cara de Mika, estaba colorado y los ojos vidriosos, pensaba que el picante mexicano era igual que el de Turquía. – Agatha se rio, le estaban contando sobre su visita a Turquía.
– Eso pasa por no informarse primero. – Mika también se estaba riendo mucho.
– Pero la comida de Turquía no se compara con la comida de China, eso de picante está en lo más alto que he probado en la vida. – comento Zoe.
– ¿Has viajado a China? – pregunto Agatha.
– Sí, tuve que ir por trabajo y no hubo plato donde no me aparecieron pedazos de chiles rojos, llenos de semillas, hasta las salsas tenían picante. – era una de sus mejores experiencias porque fue la primera vez que viajo.
– ¿Cuántos años tienes? – pregunto Mikail.
– Veintidós y ustedes. – vio a los meseros llegar con los primeros platos.
– Veinte y veinticuatro... – Agatha se quedó pensando – ¿Desde cuándo trabajas? – para ella algunas fechas no concordaban.
– En el internado nos enseñaron que estudiar y representar al internado era nuestro trabajo, por eso cuando nos llevaban a competencias de matemáticas, esgrima o tiro ellos decían que era nuestra salida por trabajo. – Zoe tomo la copa para beber.
– ¿Qué en categoría participabas tú? – pregunto Mikail dándose cuenta de que ella no les había contado mucho de su persona.
– En todas... – sonrió tomando uno de los rollos de pepino y atún – Fui a China para una competencia internacional de lenguaje, a Japón por matemáticas, España tiro con arco, Reino Unido por esgrima, Estados Unidos por un concurso de robótica el cual quedamos en tercer lugar y fue el único país donde mi equipo quedo tan abajo. – se comió el rollo.
– ¡Vaya! – los hermanos se vieron a los ojos – ¿En qué internado estudiaste? – Agatha ya tenía una idea.
– Internado Zaragoza de Roma... – el escándalo fue mundial por eso no le sorprendió ver sus caras – Hubieron muchos afectados, por suerte yo no fui una de ellos a pesar de que arrestaron a cuatro de mis mejores profesores. – los vio mucho más sorprendidos.
– La mayoría de los que fueron arrestados eran pedófilos ¿Cómo escapaste de ellos? – Agatha no le creyó mucho.
– Los alumnos como yo gozábamos de ciertos privilegios, como estar separados del resto y nuestras clases eran vigiladas, teníamos tutores fuera de los profesores principales por eso es que nunca hubo una oportunidad en que me quedara a solas con ellos o con nadie, al principio no sabía por qué tanto cuidado y fue hasta después que supe, no querían traumar a las nuevas generaciones que trabajarían para ellos. – que tenían una organización retorcida era decir un alago.
– Debió ser horrible estar encerrada en ese lugar sin una familia que te diera afecto o que no te pudiera llevar de paseo. – Mikail se sintió mal por Zoe.
– Los primeros años fueron terribles, después solo aprendes a vivir con todos ellos en un sistema autodenominado familia, teníamos oportunidades de salir, pero en mi caso era más difícil porque no tenía padres que fueran a buscarme. – siguió comiendo como si nada, cuando tenía diez años eso seguramente la hubiese hecho llorar, pero ahora ya todo estaba curado.
– Mikail. – otro hombre llego a interrumpirlos y Zoe casi se atraganta con su rollito.
– Julián. – se puso en pie y lo saludo.
– ¿Vas a subir a dar el discurso por el aniversario? Ahora el hotel es completamente tuyo. – era el mismo tipo que había estado fastidiando a Zoe.
– No es solo mío, Agatha también está en el título y el discurso decidí dejárselo al abuelo, de todos modos es quien comenzó con este legado. – comento con tranquilidad.
– Que bueno y que considerado de tu parte dejárselo a él, pero quiero que consideres en vendérmelo, después de todo es completamente tuyo, tú eres el hombre y quien manda. – tras decir esa barbaridad Mika tuvo que impedir que su hermana se levantara.
– Ya te dije que no te lo voy a vender y para hacerlo necesitaría la firma de Agatha e incluso de mi propia madre porque su nombre esta también en el título. – era paciente hasta cierto punto.
– Piénsalo, sería un excelente negocio y te libraría de muchos problemas. – el hombre se retiró.
– ¿Acaba de amenazarte? – pregunto Agatha incrédula.
– Déjalo así, de todos modos no podría pagar ni la mitad de lo que vale este lugar en el mercado. – apretó suavemente la mano de su hermana.
– ¿Conoces a ese tipo? – pregunto Zoe quien se había mantenido con la cabeza gacha todo el tiempo.
– Para mi mala suerte si, se llama Julián Bombona ¿Has tenido problemas con él? – Mikail sabía que el tipo ese solo traía problemas.
– Si, de hecho he puesto una queja en la recepción del hotel por acoso. – vio a los hermanos frustrarse.
– ¡Hace mucho hubiéramos vetado a ese imbécil del hotel, maldito cerdo machista! – exclamo Agatha molesta.
– Machista y racista, dijo que yo no parecía ser italiana por el color de mi piel, dijo que parecía ser más cubana o brasileña. – esperaba que con eso los ayudara a sacarlo definitivamente.
– Mañana me encargo yo de eso. – Mikail froto el puente de la nariz ya harto de tanta babosada.
Zoe disimuló muy bien su sonrisa, tenía un nombre y para su próxima denuncia ya sabia a quien acusar directamente, el plato fuerte llego y los tres volvieron a sus temas de antes, viajes y sus comidas favoritas, aunque lo que le llamo la atención a Zoe fue que los tres platillos eran diferentes y fue una gran distinción que para cada uno de aquellos invitados era un plato diferente tomando en consideraciones las alergias de cada uno e incluso los gustos.