Después de que nos habíamos ido de la playa, Aisha no entendió por que su papá estaba tan molesto, sin embargo Daniel si se dió cuenta que los nudillos de sus manos estaban con sangre. Me miró de reojo curioso y pareció notar que llevaba una camisa puesta, cuando había dejado la mía tirada por ahí. Se acercó a mí en cuanto Aisha se alejó a recoger sus cosas y esperó a que su padre también estuviese lo suficientemente lejos. —Amelly —se paró recto mirando en otra dirección, tratando de parecer normal. Tragué saliva—. ¿De casualidad mi padre y tu tienen algo? Lo miré frunciendo el ceño, no pudiendo creer que un niño de diez se metiese en conversaciones que no le correspondía, más sin embargo me negué, sabiendo que el había dejado en evidencia un intelecto algo superior a su edad y que

