Cuando comencé a sentirme culpable por sentir ese tipo de cosas, el celular de Elliot comenzó a sonar insistente y aunque le dejó pasar dos, a la tercera cedió gruñendo a alejarse de mi cuerpo para atender a la llamada. Lo ví hacer una mueca al ver la pantalla del celular y contestó. —Elliot —dijo y se mordió los labios al verme de lejos. La lejanía me permitió ver el tamaño de la cosa que estaba guardada en sus pantalones, la cual estaba apretando el jean para salir y me enloquecía el poder tocarlo, verlo y sentirlo. —Si, hace mucho tiempo —me distrajo su voz de nuevo. Se había puesto serio, como si odiase que la persona a la línea le hubiese interrumpido lo que estábamos teniendo. Me relami los labios, suspirando. La calentura estaba bajando poco a poco y ya mis sentidos empeza

